“Colegas” Chinos y demás.

febrero 24, 2015

Primero, aclaro que no soy un experto en Seguridad, Geopolítica, Terrorismo y demás etc. Escribo desde mi lugar de ciudadano común que se inquieta por algunas cosas.

Hace varias semanas, me llamó mucho la atención este artículo sobre porqué el ISIS es tan poderoso (y peligroso).

Luego, recientemente, este artículo de Clarín, junto a otros medios, aborda un tópico que ya superaba lo esperable sobre un grupo terrorista, que ya demostró no ser eso sino un verdadero ejército. Un ejército que no respeta las Normas de la ONU o el Convenio de Ginebra sobre el tratamiento a los prisioneros, tal cual lo revelan sus propias fotografías de ejecuciones masivas. Como ésta.

Isis

En realidad, por el primer artículo y los demás que aparecen en la Prensa, el ISIS sería un mix espantoso de terrorismo y ejército que no respeta las Reglas internacionales de una Fuerza Armada. Ni siquiera las propias, ya que ha ejecutado a sus propios miembros en nombre de algo.

Sin embargo, es curioso que este ISIS dirija sus amenazas o “logros en combate” al Oeste o Mundo Occidental, por la vía que sea, fotos, videos, etc.

Todo parece indicar que, a diferencia de AlQaeda, Hezbollah u otras organizaciones terroristas vernáculas, como las fogoneadas por el Che Guevara, sea Montoneros, ERP o Tupamaros, que instruían a sus “Células” y luego las dejaban solas para que busquen el financiamiento de sus actividades terroristas por sí mismas, este Ejército no se maneja así.

Todo parece indicar que tiene un núcleo financiero unificado, desde el cual se recauda el dinero y se redistribuye. Sin bien tienen esa capacidad operativa hay UNA fuente de financiamiento potencial que no tocan: el Narcotráfico. Y hay una razón muy sencilla para que no se metan en ese territorio, excepto la venta de drogas al menudeo:

Los Narcotraficantes tienen sus propias reglas y no se puede invadir su territorio de caza, su mercado, sin dar algo a cambio.

Una Organización de Narcotráfico lastimada en sus intereses sería el peor enemigo del ISIS al compartir sus mismos métodos. Un misil “Narco” bien dirigido al “Corazón Financiero Itinerante” del ISIS sería el fin del ISIS en sí mismo, porque el poder Narco tiene muchas décadas de evolución y ambos lo saben. Ambos pueden proceder a hacer lo que sea necesario sin requerir la autorización de la ONU, un Parlamento o cualquiera otra Institución Internacional que quiera detenerlos o ponerse al medio. Por eso, se amenazan uno a otro en la disputa por el mismo Trofeo: El Dinero de Occidente.

También se han denunciado ejecuciones de Médicos que se negaron a obtener órganos de los prisioneros ejecutados por parte del ISIS, que revela que también obtienen financiamiento de la venta en determinados mercados de venta ilegal de órganos destinados a trasplantes.

El problema que tendrán que enfrentar, tarde o temprano, ambos Ejércitos Sin Nación (eso es lo que son) es nada menos que China, que sí es una Nación con un Ejército formidable.

Se podrán preguntar el porqué de este planteo o llamado de atención desde un punto de vista médico o biológico.

Biológicamente, múltiples “células malignas” demandan un gran trabajo para poder destruirlas a todas. Un único “tumor maligno” es más fácil de eliminar, al igual que sus metástasis. Extirpado el “Tumor Primario”, las comunicaciones con sus “Metástasis Focales” se interrumpen y, generalmente, mueren.

Si China tiene la capacidad de hacerlo, la pregunta obligatoria sería “¿Por qué China, pudiendo hacerlo en un instante, no lo hace?”

¿No tendrán algún interés en común por ese mercado oscuro?

Sin embargo, es conveniente recordar algunas cosas sobre China y su manera de desempeñarse, intervenir militarmente o financiarse sus “Gastos Operativos Menores”.

La más pura verdad es que pienso que la famosa “Justicia China”, que muchos anhelamos para nuestros políticos corruptos, no es de aplicación efectiva en nuestros países en términos “legales”, sino que anhelamos que paguen sus delitos con penas de cárcel.

Ahora, que las relaciones de nuestro país con China se han fortificado política y financieramente, cabe que repasemos algunas cosas.

Uno repasa cosas como este viejo artículo de El País (España), y lee testimonios como éste:

EL VIAJE DE ÓSCAR
Un hígado por 130.000 euros
Tras serle denegado en España, salvó su vida pagando por un trasplante en el hospital de Tianjin en China. Óscar Garay relata a EL PAÍS cómo funciona lo que las organizaciones sanitarias llaman ‘turismo de trasplantes’. Como el suyo sólo hay dos casos más (registrados) en España

por BORJA ECHEVARRÍA - Madrid – 14/03/2010

“El 15 de septiembre, tras recibir la noticia, Óscar decidió beberse todos los gin-tonics de Bilbao. A lo grande, dispuesto a terminar con seis meses de sequía, juntó a sus amigos para anunciarles que, en el mejor de los casos, le quedaba un año de vida. Estamos en 2008. En el hospital de Basurto, la doctora que lleva su caso le acaba de comunicar que no cumple el protocolo para entrar en las listas de trasplantes de hígado. A partir de ahora ya sólo resta esperar y tratar de sufrir lo menos posible. Óscar se bebe Bilbao y, dando tumbos, cruza el parque de Doña Casilda hasta llegar a su casa. Al hígado ya le podían ir dando.

Tráfico de órganos sin tapujos en China

Lejos de casa

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El viaje de Óscar Garay

FOTO CEDIDA POR LA FAMILIA – 14-03-2010

Lejos de casa. Garay circula en coche por una ciudad de China. A pesar de haber pasado casi ocho semanas en ese país, casi no tiene recuerdos del viaje. En total estuvo 52 días. Fue operado el 11 de diciembre de 2008 y volvió a España el 12 de enero de 2009.

Momentos antes de entrar en el quirófano le pidieron 10.000 dólares más: o pagaba, o el hígado sería para otro.

Al volver de China, con “un pie en el otro barrio”, Óscar fue acogido en el hospital de Cruces. Se recuperó.

Óscar tiene una certeza: si no hubiese cogido aquel avión en noviembre de 2008, hoy estaría muerto.

Catorce meses después, resiste. Su calidad de vida no es la mejor, y al menos dos veces ha pasado por situaciones críticas.

Aunque este país es líder mundial en donación y trasplantes de órganos, con una tasa de 34,3 por millón de habitantes, los números demuestran que es insuficiente.

Las ONG insisten: “Tienen una cosecha de órganos que obtienen de miles de personas que pasan por sus campos de concentración”

La mujer de Óscar:”Sé perfectamente que este tema puede levantar muchas suspicacias. Pero quiero que la gente sepa que fue una decisión muy meditada, nada frívola, y la tomamos plenamente conscientes del riesgo que suponía”

Aquel día fue su última concesión a la melancolía. No estaba dispuesto a rendirse por el simple hecho de que el sistema de salud español no diera respuesta a su problema. “Un mes después de la realización de la segunda quimioembolización se realiza nueva resonancia magnética nuclear (RMN) en la que se objetiva progresión de la enfermedad tumoral. Ante este hecho se desestima el tratamiento quirúrgico (trasplante hepático o resección) y se informa al paciente de la situación.

Diagnóstico: Hepatocarcinoma multicéntrico, tratamiento con quimioembolización arterial selectiva (dos veces) sin respuesta, progresión tumoral, cirrosis hepática VHC”. Así concluye el informe del hospital de Basurto, perteneciente al Servicio Vasco de Salud.

No hay espacio para la esperanza… al menos, no en España.

Los rumores vuelan en Bilbao, y Óscar, que vive aquí desde que nació en 1957, ha escuchado hablar de un amigo de un amigo que viajó a China para trasplantarse un hígado. Un caso insólito. La Organización Nacional de Trasplantes sólo tiene registrados tres en España -además de cuatro de riñón: uno también en China y al menos otro en Pakistán- y hasta hoy se mantenían en el más absoluto de los secretos.

El último es el de Óscar Garay. Dos meses después de que le confirmaran que no entraba en la lista de trasplantes aterrizaba en Pekín junto a su mujer, Teresa.

El 11 de diciembre, previo pago de aproximadamente 130.000 Euros, le operan en el hospital Número 1 de Tianjin (Tianjin First Center Hospital, en inglés). En total fueron 52 días. Él apenas tiene recuerdos de esas casi ocho semanas en China. Lo pasó mal, muy mal. Ella, también, “probablemente, peor”, dice Óscar, pero a Teresa no se le olvida cada detalle del viaje. “Turismo de trasplantes”, lo llaman desde las organizaciones sanitarias. A ellos la experiencia les parece de todo menos turística.

Liderazgo insuficiente

En 2009, 1.099 pacientes recibieron un trasplante hepático en España, pero otros 127 murieron mientras aguardaban en la lista. Y aunque este país es líder mundial en donación y trasplantes de órganos, con una tasa de 34,3 por millón de habitantes, los números demuestran que es insuficiente. En 2009, la cifra de donantes, la de trasplantes renales y la de pulmonares aumentó, pero la de hígados descendió ligeramente. La caída de donaciones procedentes de personas fallecidas en accidentes de tráfico no ha impedido que se bata un nuevo récord -4.028 en total-, aunque probablemente sí haya influido para conseguir menos hígados -de los 1.099, sólo 29 procedían de personas vivas-. A 31 de diciembre de 2009, 5.400 enfermos se encontraban en la lista de espera para recibir un órgano, 722, el hígado, según los datos publicados por la Organización Nacional de Trasplantes (ONT). Por supuesto, en cualquier estadística no hay mención ni a Óscar ni a las otras dos personas que viajaron a China buscando una alternativa.

Rafael Matesanz, director de la Organización Nacional de Trasplantes, asegura que son hechos muy recientes y que los tres receptores están vivos. Cuando recibe la llamada del periódico ya conoce perfectamente cada caso, hasta los detalles más pequeños. Hace unos meses se pusieron en contacto con todos los equipos de trasplante de España para recabar información. Matesanz considera prácticamente imposible que haya algún caso más, pero sabe que a partir de ahora el riesgo de que se genere un efecto mimético está ahí. Consciente de que la impotencia puede llevar a un enfermo a tomar este camino, dice: “Hay que entender, aunque no se comparta, que una persona desesperada haga esto. Es un reflejo universal. Pero, al mismo tiempo, la ONT está muy volcada en luchar contra el turismo de trasplantes. Ni médica ni éticamente comparto esta práctica“. Precisamente, los 23, 24 y 25 de marzo de 2.010, Madrid acogía una Conferencia de Alto Nivel sobre Trasplante de Órganos, con la colaboración de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Sociedad Internacional de Trasplantes. Entre los asuntos que se iban a tratar figuraba el del comercio de órganos, y uno de los lemas elegidos era: “Por la autosuficiencia y contra el turismo de trasplantes”.

China, con todos los focos encima, aparece entre los 72 países invitados.

Órganos de ejecutados

Óscar comprende el debate, las aristas en las que se mueve. No lo rehúye, ni ignora todo lo que se cuenta sobre China. Los condenados a pena de muerte y el comercio de órganos están presentes en las conversaciones, igual que la altísima probabilidad de que su nuevo hígado venga de un ejecutado por el régimen de Pekín. El sistema de donaciones en China no está desarrollado y los órganos vitales, como es el hígado, proceden de cadáveres. “Los indicios apuntan claramente a condenados a pena de muerte. La OMS calcula que entre un 5% y un 10% de los trasplantes de riñón se hacen bajo comercialización, pero con China es muy difícil tener cifras“, sostenía Matesanz.

Países como Pakistán, India, Filipinas, Egipto, Rumania, Moldavia, Perú, Ecuador y Colombia facilitan órganos a enfermos de naciones ricas. España vive muy ajena a esta problemática, no así otros países europeos. “En Reino Unido y Alemania hay muchos más casos. Los británicos viajan a Pakistán y a la India, y los alemanes, al sureste asiático o al entorno de la antigua Unión Soviética”, aclaraba el Dr. Matesanz.

El abogado de derechos humanos Carlos Iglesias, que en 2003 presentó en la Audiencia Nacional una querella por torturas y genocidio contra el ex presidente Jian Zeming y contra Luo Gan (coordinador de la oficina 610, creada para controlar al movimiento espiritual de inspiración budista Falun Gong), incide en la misma cuestión: “Por cultura, ellos no donan órganos. Y además, contrariamente a Taiwán y Hong Kong, tampoco ha existido política de concienciación para donantes”.

“Tienen una cosecha de órganos que obtienen de miles de personas que pasan por sus campos de concentración”. Sin embargo, por encima de datos más o menos fiables y de las múltiples evidencias, Óscar tiene una certeza: si no hubiera cogido aquel avión a mediados de noviembre de 2008 hoy estaría muerto; su mujer, viuda, y su madre, sin su único hijo. El día en el que le dieron la noticia en Basurto ella le acompañaba.

Rosi tiene 77 años, la energía de una mujer de 35 y, tirando de tópico, el carácter duro de las mujeres vascas. “Entramos en la consulta y le dijeron: ‘Malos resultados, no se ha podido hacer nada’. La quimioembolización no había funcionado. Óscar preguntó que cuánto le quedaba de vida y la doctora le respondió que entre 6 y 12 meses. Él se quedó aparentemente tranquilo y dijo: ‘Bueno, pensaré que me ha tocado la Loto. Todos tenemos que pasar por esto’. Y a partir de aquel día yo me empecé a poner mala”. Al salir del hospital se marcharon a comer juntos, antes de que Óscar rompiera su abstemia de los últimos meses -“de eso me he enterado ahora, pero ya no volvió a beber después”, recuerda con humor-. Pasado el shock de las primeras horas empezaron a mover todos los hilos con el único objetivo de salvar a Óscar. A cualquier precio, en cualquier lugar del mundo. Acudieron a la Clínica Universitaria de Navarra, hablaron directamente con prestigiosos médicos españoles, en Barcelona, en otras ciudades. Y nada. “En este caso no cumplía los requisitos para un trasplante. El Servicio Vasco actuó correctamente. Se aplican los Criterios de Milán, establecidos internacionalmente para seleccionar pacientes con cirrosis y hepatocarcinoma. No hay duda sobre esto. Cuando no se cumple, el enfoque terapéutico es otro. Lo más importante para hacer un trasplante es que se pueda extirpar un tumor, que haya posibilidades de supervivencia. Estamos en la obligación de seleccionar bien a quién se dedica un órgano. Cuando se adopta la decisión de incluir a alguien en la lista de espera debe tener una posibilidad de supervivencia adecuada. La media de un trasplantado de hígado en España es superior a 14 años y algunos han llegado ya hasta los 25″, detallaba Matesanz.

Mientras Óscar estuvo en China, Rosi hablaba con él y con su nuera dos veces al día a través de Skype. “Nunca decía que se encontraba mal, ni aquí ni allí. No me enteré de muchas cosas de las que estaban ocurriendo en Tianjin. Si por mí fuera, no le habría dejado volver en las condiciones en las que llegó a España. Pero hubo momentos en que creí que a mi hijo no le veía más”, recuerda. Treinta personas fueron a despedirle en Bilbao cuando el 21 de noviembre de 2008 viajó hacia Pekín, y bastantes más le recibieron a su regreso, el 12 de enero. Ella no fue a Sondika. Habían sido probablemente los dos peores meses de su vida y no estaba preparada para ver a Óscar bajar del avión con 20 kilos menos y en aquel estado. Fue ella quien pagó la operación. ¿Cómo iba a dudar entre 130.000 euros y la vida de su hijo? El dinero nunca fue el problema en este caso. Lo difícil fue llegar hasta allí.

Tianjin es una gran urbe china con casi 12 millones de habitantes y a sólo 137 kilómetros de la capital. En el tren rápido se llega en media hora. Diciembre es duro, con un clima frío y seco, a pesar de estar junto al mar, en el extremo norte del Gran Canal que conecta los ríos Yangtze y Amarillo. Es una ciudad con un fuerte desarrollo, empujado por la industria petroquímica, textil, el automóvil y la metalurgia, además de la planta de EADS que comenzó a funcionar en 2009. En el distrito de Nankai se encuentra el hospital Número 1 de Tianjin, uno de los más importantes de China para trasplantes de órganos y pionero en los de hígado.

“Te van sacando dinero por todos lados “

A principios de octubre, el intercambio permanente de correos electrónicos es ya un hecho. Los contactos a través de amigos españoles llevan a un médico del Ministerio de Salud chino, que es quien hace de intermediario con el doctor Shen Zhongyiang, presidente del hospital. El 17 de octubre, siempre en inglés, le solicitan a Óscar datos personales y clínicos “para llevar a cabo un trasplante de hígado”, incluido el nombre del hospital español y los médicos que le habían atendido. Después de varios correos durante la segunda quincena de octubre, el 3 de noviembre llega la confirmación esperada. “Me alegro de comunicarles que nuestro presidente acepta que venga para la operación. Puede venir lo antes posible. El coste de la operación es de 115.000 dólares [la cantidad finalmente fue bastante mayor: “te van sacando dinero por todos lados”, recuerda Teresa], lo que incluye el tratamiento preoperatorio, la operación, la asistencia médica posterior y el cuidado de las enfermeras, la medicación, la persona que se ocupa de las traducciones (habla inglés y chino y también se encarga de gestiones), la seguridad, la habitación en un hotel para un pariente y el transporte entre el aeropuerto y el hospital. Si la hospitalización excede de un mes deberá pagar 147 dólares por cada día. Si termina con sus trámites, por favor infórmeme de la hora de llegada para que organice que un coche le recoja en el aeropuerto de Pekín, y también para fijar la hora de la operación”. En correos sucesivos se habla de la forma de pago, de los bancos a utilizar o de que un visado de turista será suficiente para entrar en el país.

La persona que lo planificó todo desde China escribe en un perfecto inglés. En una de sus últimas comunicaciones, el 16 de noviembre, explica que no debe transferirse dinero a la cuenta del hospital, sino a una cuenta personal de la que irá sacando fondos progresivamente. El 23 de noviembre Óscar llega a Tianjin, poco más de dos meses después de que en Basurto le rechazaran como candidato a trasplante. Junto a él, su mujer. Una semana antes de emprender viaje se han casado. Por lo que pueda pasar. Porque llevan 17 años juntos y quieren que todo el mundo sepa que ésa es su voluntad. Lo han hecho en Bilbao, únicamente con sus madres y una pareja de amigos. “Sé perfectamente que este tema puede levantar muchas suspicacias. Pero quiero que la gente sepa que fue una decisión muy meditada, nada frívola, y la tomamos plenamente conscientes del riesgo que suponía”, nos escribe Teresa en un meditado correo.

Y sigue: “Pero cuando la persona que está en el filo decide luchar por vivir, los que le rodean sólo pueden estar ahí. Me gustaría que se trate el problema con respeto, igual que nosotros respetamos las decisiones de la ONT y sabiendo que el tiempo que le quedaba a Óscar era muy breve. Gracias al amor de una madre hacia su hijo y con el respaldo incondicional de nuestras familias y amigos, que nos apoyaron en su día y lo siguen haciendo día a día, pudimos hacer realidad la oportunidad que nos habían ofrecido. Su estancia en el hospital fue como la de cualquier paciente en España, pero rodeado de cientos de enfermos chinos y extranjeros, nunca apartados ni con tratos de favor. Más bien al contrario: fue duro, muy duro, por las barreras de idioma, culturales, la soledad y la lejanía de las personas en las que te apoyas diariamente. Y sin saber si iba a volver con él o sola con las maletas y la amargura. Pero afortunadamente volvimos. Salvamos las primeras suspicacias y ahora es atendido por un equipo médico que está ahí para lo que necesite. Sólo puedo dar las gracias a todos los que nos han ayudado; y a los que no comparten lo que hemos hecho, que al menos comprendan que no ha sido un camino de rosas. Aunque cada día se va pareciendo más…”. Hemos hablado muchas horas, pero Teresa ha querido sentarse ante el ordenador y explicarse en soledad, sin el periodista que le pregunta por los hechos o le plantea debates morales.

Denuncias de Falun Gong

Unos días antes, en el Café Comercial de Madrid, Carlos Iglesias escucha por primera vez la historia de un español que viaja a China para que le trasplanten un hígado. Lleva muchos años investigando sobre el comercio de órganos, y como abogado de Falun Gong (un culto diabólico para el Gobierno chino) consiguió hace cuatro meses que el juez Ismael Moreno, de la Audiencia Nacional, cursara una comisión rogatoria a China con la intención de interrogar al ex presidente Jiang Zemin y a otros cuatro dirigentes del régimen. La querella, en relación con la muerte de seguidores de Falun Gong entre 1999 y 2002, fue presentada en 2003. Este movimiento cifra en más de medio millón el número de personas asesinadas, además de crímenes de extracción masiva de órganos internos para utilizarlos en trasplantes a occidentales.

“En noviembre de 2006 vino a España David Kilgour , ex secretario de Estado canadiense y autor, junto con David Matas, de un informe sobre alegatos de extirpación de órganos a practicantes de Falun Gong en China. Se lo entregó a la Organización Nacional de Trasplantes y les pedimos a ellos y al Ministerio de Sanidad que dieran instrucciones y recomendaran no viajar allí. No sólo por la procedencia de los órganos, sino por la propia supervivencia del paciente. La ONT no da datos ni advierte en su página web de los riesgos a la gente que pretenda viajar”, denuncia Iglesias.

El informe concluye que “sus órganos vitales (de prisioneros de Falun Gong), incluyendo corazones, riñones, hígados y córneas, fueron prácticamente sustraídos simultáneamente de manera no voluntaria para venderlos a precios elevados, a veces a extranjeros, quienes normalmente tienen largas esperas para las donaciones voluntarias de tales órganos en sus países de origen”. En el apartado de recomendaciones sostiene que “los Estados extranjeros deberían promulgar leyes extraterritoriales que penalicen la participación en una sustracción de órganos sin consentimiento”.

Además, como reclama Iglesias, “deberían advertir a los viajeros, avisando a su población de que los trasplantes de órganos en China provienen en su mayoría de presos que no dan su consentimiento, ya sean sentenciados a muerte o practicantes de Falun Gong”.

La actual legislación española no prohíbe viajar a otro país y pagar por un órgano. Y sin embargo, en el Sistema Nacional de Salud “nadie puede donar ni recibir un trasplante con otras intenciones o medios que no sea la solidaridad altruista”. “Con nosotros, desde otros países tratan de hacer turismo de trasplantes, pero no les dejamos. Nuestra postura es clara en contra de este fenómeno, y la ministra Trinidad Jiménez anunció hace unos meses que en la modificación del Código Penal se tipificaría, como una ley extraterritorial -será delito aunque se lleve a cabo fuera de España-, la compra de órganos”, cuenta Rafael Matesanz. La reforma legal ya está en marcha.

Clientela multinacional

Por los altavoces del First Central Hospital llaman a Ma Zengshou. Es el nombre con el que han bautizado durante su estancia en Tianjin a Óscar Garay, ‘Señor caballo con una larga vida’. Tiene 51 años y un día antes de la operación cumple 52. De momento suma. Lo celebra. La vida allí no es sencilla, aunque cuentan con una traductora, Cindy, que trata de facilitársela. El hospital dedica algunas de las plantas más altas a los pacientes que van a recibir un trasplante. De muerto a vivo, pero también de vivo a vivo. Durante el mes que pasó ingresado -entre el 10 de diciembre y el 12 de enero; las semanas anteriores sólo acudía a revisiones- no vio a más occidentales. Coreanos, egipcios, paquistaníes, saudíes, yemeníes o japoneses poblaban su planta y, sin duda, estaban mejor organizados que él. “Cada paciente egipcio, por ejemplo, siempre iba acompañado de un hombre y una mujer. Él se ocupaba del dinero, y ella, de la cocina”, recuerda Óscar. Una de las cosas que no sabían es que tendrían que cocinarse ellos mismos. “Todo el hospital olía a platos árabes”, cuenta Teresa. En una habitación de la planta, los clientes se preparaban la comida y el trasiego era constante. “Compramos un hornillo y sartenes. Hacíamos pollo frito, lentejas, pechugas. Iba por las mañanas al mercado y cocinaba en el hospital. La traductora nos hizo una lista para que también compráramos toallas, papel higiénico, esponjas o jabón. Nadie nos avisó. La limpieza era terrible, con esa mezcla de olores. La encargada de limpiar pasaba un kleenex por dos sitios y se marchaba”, explica Óscar. “Los egipcios, en cambio, es como si fueran por agencias. Lo tenían todo perfectamente ordenado”, continúa Teresa. Si alguien lo pasó muy mal en Tianjin fue ella. Cuidar a Óscar, moverse en otro idioma en el laberinto administrativo del hospital, bancos, problemas con los hoteles, llamadas a España, cocinar, la incógnita siempre presente de si volvería sola… “Para Teresa fue durísimo. Pasó muchas horas sola. Creo que no iría otra vez. Cogimos la bolsa y el avión sin saber nada”, dice Óscar, mientras ella hace un gesto sencillo de traducir: volvería, seguro. “Aunque soy mujer, solía fumar con los egipcios. Nos hicimos amigos y aún hoy mantenemos el contacto a través de Facebook. Nos daban masajes y nos invitaban a comer. No sé qué habría hecho sin ellos”, añade.

El tema del dinero fue un trajín. En Bilbao, sus amigos abrieron una cuenta dispuestos a sufragar lo que hiciera falta, aunque fue la madre de Óscar quien puso finalmente los 130.000 euros que costó el trasplante. Teresa, nada más llegar a China, abrió una cuenta en el Industrial and Commercial Bank of China (ICBC), de donde iba sacando cada día distintas cantidades en dólares que cambiaba en el hospital a yuanes. La clave estaba en el hombre del maletín, un tipo que vivía en los pasillos y que lo mismo vendía tarjetas de teléfono que tabaco. Era el conseguidor. Pero fundamentalmente era la persona que en función de la fluctuación del yuan respecto al dólar cambiaba el dinero para ir pagando en una ventanilla todos los costes -el hospital elegía con mucho tino qué días había que hacer ingresos-. Aproximadamente desembolsaron 45.000 euros hasta el 11 de diciembre, y el resto lo pagaron ese mismo día, antes de pasar a quirófano.

Uno de los momentos más truculentos se vivió esa mañana. “A las once y media me comunicaron que había llegado un hígado compatible. Me afeitaron el cuerpo. Y, de repente, con la cara descompuesta, entró la traductora en la habitación y dijo que el presidente del hospital pedía 10.000 dólares más o tendríamos que esperar, que había otro paciente al que también le podían trasplantar ese hígado. Teresa y yo nos miramos y dijimos que sí. No podíamos esperar más. Ella se marchó a toda prisa al hotel, cogió el dinero, buscó al conseguidor y cambió lo que faltaba. A las tres me operaron“.

Catorce meses después, Óscar resiste. Su calidad de vida no es la mejor del mundo, y al menos en dos ocasiones ha pasado por situaciones críticas. Tras la intervención sufrió rechazo y una insuficiencia renal aguda. En las últimas semanas ha evolucionado favorablemente. No todos los que fueron a China pueden decir lo mismo. En marzo de 2006, un estadounidense, Eric de Leon, viajó a Shanghai para un trasplante de hígado. Pagó 110.000 dólares. En su país no cumplía los protocolos y a los 50 años le habían dado un año de vida. Un caso muy similar al de Óscar, salvo que Eric y su mujer, Lori, fueron contando y documentando gráficamente todo el proceso en tiempo real a través de un blog. Eric tenía dos hijos y quería verles crecer, explicó entonces al San Francisco Chronicle. Según los datos que manejaba el periódico californiano, alrededor de 17.000 estadounidenses necesitaban un trasplante de hígado en 2004 y sólo 6.100 lo consiguieron. Tasas mucho más bajas que las de España. El 17 de marzo, Lori escribe: “El doctor le dijo a Eric que era muy afortunado. Le habían puesto un hígado de 20 años. Joven y saludable. Hmmm… ¡Quizá por eso Eric se siente ya tan bien! Está aburrido de pensar. En parte porque no ha sido capaz de dormir mucho. Además está un poco paranoico. Piensa que las enfermeras están jodiéndole. Tony dice que la paranoia es normal y que es uno de los efectos secundarios de las medicinas antirrechazo. Creo que también tiene algo que ver con la barrera del idioma”. La última entrada en el blog dice: “In loving memory of Eric G. De Leon. 20 de abril de 1955-22 de septiembre de 2008″.

Presión internacional sobre China

Óscar no sabe nada de su donante. Volvió a España el 12 de enero de 2009 con un informe de dos páginas firmado por el doctor Cheng Pan. Ni rastro de su edad, sexo, procedencia o características del hígado. Nada de su anatomía patológica. Apenas 10 líneas sobre el tratamiento que debía seguir en Bilbao. Los primeros meses fueron un calvario. “Llegué hecho un cristo al hospital de Cruces. No sabían nada de que me había ido a China y estuve una semana aguantando porque no me daban cita. Me estaba muriendo. Primero me atendieron en casa, hasta que ingresé por urgencias. Tenía un pie en el otro barrio”, recuerda. Pasó por varios fallos renales y se recuperó, pero una estenosis biliar le produce infecciones y le obliga a llevar de manera permanente una bolsa para recoger la bilis drenada. Muchas de las complicaciones en estos casos suelen derivarse de la misma cirugía. Que las autoridades sanitarias estén oficialmente en contra de que se pague por un órgano no implica que ahora no sea correctamente atendido, como un paciente más. “Cómo se ha portado el hospital de Cruces ha sido fantástico”, asegura su madre. “El Servicio Vasco de Salud ha actuado correctamente. No se discute que haya que darle cobertura ni se puede cuestionar cómo ha obtenido el órgano a la hora de seguir el tratamiento”, aclara Rafael Matesanz.

Óscar quiere seguir peleando. Su sueño es, ahora sí, entrar en las listas para otro trasplante de hígado. Esta vez en España. Los especialistas juzgarán si cumple los requisitos, pero para el máximo responsable nacional nada de lo que haya podido hacer Óscar juega en su contra: “Si necesita un trasplante, se plantearán los mismos criterios que la otra vez. Sin penalizaciones”.

En los últimos tiempos, la presión internacional para acabar con la compra de órganos ha aumentado. Incluso el Gobierno chino ha dado pasos públicamente en esa dirección. Sin embargo, la realidad es que las puertas del país asiático parecen abiertas para quienes buscan una oportunidad. En agosto pasado, Pekín anunció que ponía en marcha un sistema de donaciones para reducir la dependencia de los órganos de presos ejecutados. Huang Jiefu, viceministro de Salud, reconocía esas prácticas, pero aseguraba que se hacían previo consentimiento. “Si vas a ser ejecutado, especialmente en un sistema tan poco transparente, no tienes opciones reales“, respondía a Human Rights Watch Song Wenli, director del departamento de trasplantes de riñón del Tianjin First Center Hospital, quien aseguró esta semana, en una consulta telefónica desde Pekín destinada a un supuesto paciente extranjero, que en este hospital “no se realizan actualmente trasplantes a extranjeros”, informa José Reinoso. Preguntado si el año pasado se habían efectuado ese tipo de intervenciones, respondió: “Ahora no las hacemos. El Departamento Estatal de Sanidad ha ordenado que no las hagamos”. Días después se hizo la misma llamada en nombre de EL PAÍS. Jiang Wentao, responsable del departamento de trasplantes de hígado, respondió a las mismas cuestiones. “No, ya no hacemos, es política estatal”. ¿Desde cuándo? “No es oportuno decirlo. Deberías preguntar al director. Mi responsabilidad es el cuidado médico”.

Esto es un resumen de la conversación: “Mi nombre es Antonia y vivo en España. Mi marido, Jaime, necesita un trasplante de hígado y estamos desesperados. No tenemos oportunidad en el servicio de salud español y sois nuestra última opción. Él quiere viajar a su país. ¿Qué tenemos que hacer? Los médicos nos han dicho que no vivirá más de un año y hay que moverse rápido. Gracias”.

Las respuestas a los mails siempre fueron muy rápidas. “Hola, Antonia. Le paso el caso al hospital y trataremos de ayudar a su marido. Necesitamos su informe médico para hacer el diagnóstico y preparar la posible operación. Espero respuesta”.

Antonia: “Me dijeron que la operación cuesta alrededor de 115.000 dólares. No somos una familia con mucho dinero y si vamos a viajar a China deberíamos ir hablando ya con los bancos. ¿Es éste el coste en 2010? ¿Cómo debemos pagar? Estamos muy preocupados porque el tiempo corre”.

Pocas horas después recibimos la contestación más concluyente: “Realmente antes costaba 125.000 dólares, pero según transcurre el tiempo el precio está subiendo (‘is getting higher and higher’ decía exactamente). El coste de 2010 aún no lo tenemos cerrado. Te informaré según tenga más noticias”.

A partir de ahí, los siguientes correos entran en la forma de pago y queda claro que debe entregarse todo el dinero antes de entrar en el quirófano. El hospital se queda a la espera de recibir el informe médico desde España. A los Jaimes, como en su día a Óscar y a los otros dos casos españoles, en algunos lugares de China les siguen dando la bienvenida.

Todo esto me hace recordar a una Editorial de la Revista Persona, que publicaba mensualmente el Prof. Dr. Ricardo Rabinovich-BerKman. Decía así, como copio y pego debajo:

Editorial

CHINA:

LA SOMBRA DE 1936

    El 10 de marzo de 1959, mientras en Buenos Aires yo resolvía finalmente salir a conocer cómo era el mundo extrauterino, miles de monjes budistas se congregaban ante las puertas del Potala, el impresionante palacio de la mítica Lhasa, capital histórica del Tíbet, para proteger con sus cuerpos y existencias al Dalai Lama, que había sido convocado por el gobierno chino de ocupación, en lo que tenía todo el aspecto de una detención definitiva. Casi una década había pasado desde que las tropas de Mao irrumpieran en el remoto país del techo del mundo, para barrer con la teocracia centenaria de los lamas, y establecer, a sangre y fuego, un sistema comunista de cuño pekinés. El saldo venía siendo sangriento. Muertes, abusos, prisiones, destrucción de monasterios y lugares sagrados…

    Pero lo peor estaba por venir. Los tumultos del 10 de marzo de 1959, iniciaron un baño de sangre sin precedentes. Mientras el Dalai Lama era ayudado por sus desesperados seguidores a salir del territorio controlado por Beijing, los ejércitos chinos iniciaban una masacre, que llevaría a la muerte de decenas de miles de personas. El temor de que una rebelión generalizada se encendiera en la religiosa nación de los Himalayas, pasó a convertirse en una obsesión para los conquistadores maoístas. La garra del imperialismo rojo se enseñoreó del Tíbet con renovado ahínco. A partir de entonces, sobrevendrían los largos inviernos de la represión, la humillación y la tristeza. No se juega con el gigante de porcelana y jade. Allí parece hervir la sangre de los mongoles, vencedores de murallas impertérritas, que se ven desde la Luna, pero no sirven para nada en la Tierra. Beijing, la de los suaves tejados curvos, sabe reprimir. Beijing, la celeste, sabe matar. 

    La sanguinaria Turandot de Puccini, que no vacila en torturar y en degollar (¿cómo, diablos, puede seguir enamorado de semejante monstruo el príncipe Calaf?), es sólo un personaje de ficción. Desgraciadamente, los miles de muertos tibetanos no lo son. La cultura budista milenaria de un país arrasada sin remilgos por parte de un muy desorientado e incoherente coloso armamentista, que nunca parece haber sabido ni de cerca a qué ideología seguir, mientras se revolvía incesantemente sobre sí mismo, como esos hermosos dragones de las procesiones de Año Nuevo, en purgas y más purgas, “revoluciones culturales” y venganzas internas, proscribiendo hoy a los líderes de ayer, y mañana a los de hoy, dedicado a imponer la camisa blanca y la chamarra azul, con una obsesión orwelliana, y las bicicletas, para de repente repensarlo todo, y concluir que son más acordes al socialismo las polleras estampadas y los autos de lujo…

    Y la tragedia del Tíbet no se acaba.  Ahora, a cuarenta y nueve años del alzamiento pacífico del 10 de marzo 1959 (me resulta muy fácil calcular este hiato, porque es mi edad), nuevas manifestaciones se presentaron. No es la primera oportunidad en que sucede. Sin embargo, esta vez no hay ningún margen para la tolerancia. ¿Por qué? Pues, porque se avecinan las Olimpíadas. Y Beijing quiere usarlas para mostrarse al mundo. Para exhibirse grande, poderosa y moderna. Pacífica, industrializada y respetuosa. Una nación para comerciar con ella, para confiar en ella, para compartir la mesa y los secretos (¿por qué no el lecho?) con ella… China es poderosa, ¿quién podría dudarlo? Está superpoblada, lo que implica mercados fabulosos en la era del humano consumidor. Es un campeón de la producción barata, algunas veces no del todo mala (sobre cómo se obtiene a menudo esa mano de obra económica y sumisa, mejor no inquirir: “el que pregunta  lo que no debe preguntar, escucha lo que no desea escuchar”, dicen Las mil y una noches).

    Estos ejércitos chinos que hoy, mientras escribo estas pobres líneas, siembran el terror casa por casa, plaza por plaza, en Lhasa, en el Tíbet, y según se alcanza a saber (porque los corresponsales periodísticos han sido expulsados de la región -ya desde un principio se censuraron los reportes-) ahora también en las comarcas vecinas, ¿constituyen un fenómeno incoherente, contradictorio, con el resto de la política del gigante rojo y amarillo? Porque, si así fuera, movería a pensar en campañas internacionales de desprestigio, como la que Beijing imputa al exilado Dalai Lama “y su pandilla” (obviamente, una terminología maoísta para referirse al clero de una de las religiones más monásticas y más organizadas del mundo… pero el revolucionario Zedong nunca fue muy comprensivo de estas peculiaridades del alma humana… aunque le gustara tanto ver las multitudes reverenciando en éxtasis su hierático retrato).

    Parece que no hay tal incoherencia, tristemente. En los últimos años, las garras de Beijing se han desatado sobre otra corriente budista. Esta vez no son los lamas, de eterna sonrisa y mantos púrpura. Ahora se trata del movimiento religioso Falun-Gong, con miles de seguidores en todo el país. Detenciones, torturas, campos de trabajos forzados… Un exterminio de proporciones genocidas, físico e ideológico, tiñe de sangre inocente las manos del coloso asiático. Las denuncias se acumulan, avaladas por organismos internacionales del máximo respeto y credibilidad. Las pruebas sobran. Pero China es atrayente. China es poderosa. China es uno de los grandes referentes del mundo. Mejor callar.

    Callar frente a las evidencias del infanticidio generalizado de niñas recién nacidas, asesinadas en secreto de resultas de la imposición jurídica del hijo único, que requiere el varón por el peso de las creencias (esas irracionales superestructuras, divino Mao, son muy difíciles de erradicar…). Callar frente a las sólidas evidencias de los experimentos médicos con seres humanos. Callar frente a las sólidas y reiteradas evidencias del tráfico de los órganos de los prisioneros políticos. Exposiciones de seres humanos disecados y abiertos, con fines aducidamente propedéuticos, recorren el mundo. Poco tiempo atrás, una de ellas pasó por Buenos Aires, y abrió sus puertas en un destacado centro comercial. Cadáveres de personas rebanados en trozos, eviscerados, descarnados… ¿Alguien se asombra al enterarse que se trata de chinos? Dicen que estos hombres y mujeres donaron libremente sus restos (parecen jóvenes y, muchos de ellos, sanos) para la macabra muestra. ¿Podemos creerles?

    Isabel Allende, en su reciente crónica La suma de los días, trae el relato que le hizo una enfermera quirúrgica china: “cada tres o cuatro meses, cuando avisaban de la prisión, ella debía acompañar al cirujano jefe del hospital a las ejecuciones. Partían en coche, con una caja llena de hielo, y viajaban cuatro horas por caminos rurales. En la prisión los conducían a un sótano, donde había media docena de prisioneros alineados, con las manos atadas en la espalda y los ojos vendados, esperándolos. El comandante daba una orden y los guardas les disparaban en la sien a quemarropa. Apenas caían los cuerpos al suelo, el cirujano, ayudado por Lili, procedía a arrancarles rápidamente los órganos para trasplante: riñones, hígado, ojos para extraer las córneas, en fin, lo que se pudiera usar. Volvían de esa carnicería cubiertos de sangre, con la hielera repleta de órganos, que después desaparecían en el mercado negro. Era un próspero negocio de ciertos médicos y el jefe de la prisión”. Acto seguido, otro narrador le reafirma la historia, agregando que ese tipo de macabras maniobras se vincula a veces con campos de concentración.

    Debo reconocer que tengo mis reparos frente a esta historia que reporta Allende (gracias a mi esposa por el dato), porque ya me ha tocado lidiar otras veces con la mitología (o mitomanía) generada, a partir de la novela Coma de Robin Cook, alrededor del tráfico de órganos cadavéricos, que es bastante más complicado de lo que suele creerse, fundamentalmente por dos factores: la difícil compatibilidad genética entre el material anatómico y el eventual receptor, y el angustiante poco tiempo que duran los órganos fuera del cuerpo. Sin embargo, muchas son las denuncias acerca de experimentación con detenidos en China, y que en el país se comercian órganos de personas vivas para trasplantes está ampliamente documentado.

    El 28 de marzo de 2007, la actriz Mia Farrow y su hijo Ronan, publicaron un impactante editorial, calificando a las próximas olimpíadas de “Genocide Olympics” (tal el título de la nota). Profundos conocedores del drama de Darfur, imputan a China el papel predominante en ese atroz exterminio africano, tema al que habían ya dedicado una serie de artículos previos, que pueden consultarse en el sitio www.miafarrow.org. Recientemente, el 19 de febrero de 2008, los Farrow se congratulan (Una victoria olímpica) pues a raíz de sus denuncias, y tras haber tratado en vano de obtener explicaciones al respecto de las autoridades pekinesas, Steven Spielberg, que había sido designado como director artístico del evento, renunció. “Mi conciencia no me permitirá continuar con los asuntos como de costumbre”, dijo simplemente el destacado cineasta. Pero los países y las corporaciones, no tienen conciencia.

   En sitios como http://chinaview.wordpress.com/2007/08/, pueden hallarse datos y vínculos hacia informes fidedignos que pintan el horror que miles, millones de seres humanos viven en la China de las olimpíadas. Las Naciones Unidas, Amnesty International, diferentes congregaciones religiosas…

Es tan contundente y tan masivo el mar de denuncias contra los abusos de este gigante sin alma, que sólo quien realmente desee ignorarlos puede hacerlo.

Claro. Hay muchas razones para hacer la vista gorda.

“Para mí, éste es sólo un evento deportivo”, murmuró displicentemente el presidente George Bush cuando se le planteó la posibilidad del boicot. Bien se ve que las olimpíadas no son en Cuba…

Esto de hacer olimpíadas y otros grandes shows deportivos internacionales (¿quién dijo “mundiales de fútbol” por allí?) para mostrar cómo de civilizado, seguro, pacífico y respetuoso es un país asesino, represor y discriminante, no es ni remotamente una novedad. Como en tantos otros rubros, el maestro es Adolfo Hitler, que sigue disfrutando del incólume privilegio de ser el gran inspirador de los monstruos políticos, en sociedad con el bueno de Stalin, con el que tanto se retroalimentaban en inventiva siniestra. Quizás el Führer dudase sobre la conveniencia de llevar adelante las olimpíadas de 1936, que desde seis años antes habían sido asignadas a Berlín (en detrimento de Barcelona, que fuera la alternativa). Desde el acceso del nazismo al poder, a comienzos de 1933, las cosas habían dado un vuelco en Alemania. La política antisemita, obvia desde el Mein Kampf de la década anterior, imposible de ignorar, se había hecho ya oficial, pública y rimbombante desde la sanción de las leyes raciales de 1935. Los judíos habían sido transformados en parias. La nueva sociedad autoritaria y discriminadora era ya un hecho, un grito a los cuatro vientos. El Imperio se restauraba. El proyecto del cabo austríaco se iba desenvolviendo punto por punto: se acercaba cada vez más la hora de obtener el “espacio vital” a expensas de los eslavos. Cualquier idiota podía ver en lo que se había convertido el país de Kant. Cualquier idiota podía imaginarse en qué acabaría ese fárrago…

    Pero la campaña en favor del boicot a las olimpíadas de 1936 fracasó. Sólo un par de deportistas, en general judíos, se abstuvieron de asistir. Incluso los afro-americanos concurrieron, incitados por sus propios medios de prensa, que hallaban buena la oportunidad para demostrar su superioridad física frente a la de los germanos. Lo hicieron, especialmente el estadounidense Jesse Owens, que ganó cuatro medallas de oro. Alemania obtuvo muchas más medallas que los demás países, sin embargo, con su equipo de “arios puros”, y las olimpíadas resultaron un éxito abrumador de organización (inmortalizado por el filme Olympia de Leni Riefenstahl, una de las más devotas “mujeres de Hitler”). El efecto propagandístico de las olimpíadas, dirigido por Goebbels, fue espectacular. El Führer, que mantuvo un perfil bastante bajo y prefirió una imagen lacónica y hierática en vez de su normal verborragia e irascibilidad, quedó como un líder cauto y pacífico, moderado y apacible. Alemania se mostró al mundo como una nación civilizada, poderosa y confiable, empeñada en la concordia universal.

    El gobierno nazi estaba seriamente preocupado por el efecto que podría tener la olimpíada en la imagen exterior del país. Los grupos de choque y los jóvenes hitlerianos fueron instruidos para ser corteses con los visitantes, incluso con los hebreos (alemanes y extranjeros). Los carteles de “no se aceptan judíos” omnipresentes en bares, hoteles, restaurantes y demás negocios, fueron guardados cuidadosamente. Unos meses antes, había sucedido un infortunado inconveniente: el descubrimiento de que el Presidente del Comité Olímpico Alemán, el renombrado deportista Theodor Lewald, tenía una abuela judía. Este tipo de sandeces eran de una trascendencia enorme para el Partido. Además, las leyes raciales de Nüremberg prohibirían a un hombre con tal ascendencia ejercer un cargo público. Así que Lewald fue reemplazado (en su lugar, asumió el “líder deportivo” y conspicuo miembro de las SA, Hans von Schammer und Osten, noble prusiano sin sombra de hebraísmo). Esto, claro, cayó mal en muchos sectores del mundo olímpico internacional, especialmente en los Estados Unidos.

    Ya más cerca de los juegos, las cosas empeoraron. Varios destacados miembros del equipo alemán fueron separados por su condición israelita, entre ellos el tenista Daniel Prenn, el boxeador Erich Seelig y la extraordinaria esgrimista Helene Mayer. Otro boxeador famoso, Johann Trollmann, campeón de peso mediano, fue expulsado por su origen gitano. A pesar de su escasa molestia por el antisemitismo, el Presidente del Comité Olímpico Americano, Avery Brundage, presionado por entidades locales, y particularmente por la Unión Atlética Amateur de los Estados Unidos, anunció el posible boicot de su país. Frente a tan ominosa perspectiva, fue de inmediato invitado a visitar Alemania, donde se le brindó un tratamiento principesco, y se lo convenció de que todo eran patrañas judeo-comunistas en contra del Reich. Además, en prueba de buena voluntad, Lewald fue convocado como “asesor”, y se le confió (ni más ni menos) el discurso inaugural (Riefenstahl, luego, en Olympia, simple y sencillamente lo omitiría). Mayer fue llamada de regreso (ganó la medalla de plata y, usando una svástica, hizo un fervoroso saludo nazi al recibirla en el podio). La Unión Amateur siguió firme en el rechazo, pero Brundage dio marcha atrás.

    El 1º de agosto de 1936, cincuenta y un países asistieron con sus delegaciones al acto solemne de apertura. Ninguna nación boicoteó los juegos. Como mucho, llegaron algunas a evitar el saludo nazi, o incluso el saludo olímpico, que por ser muy parecido podía confundirse, al pasar frente al palco de Hitler. Exultante, el Führer se limitó a proclamar la fórmula inicial de estilo. Fue una fiesta impresionante del deporte, y una puesta en escena wagneriana de la alta política del engaño masivo.

Los derechos humanos retrocedieron ese día como pocos en la historia. Alemania emergía victoriosa de su desafío. Ahora, gozaba de una credibilidad y de un prestigio inesperados. El antisemitismo, las persecuciones políticas y étnicas, el abuso y el horror, podían regresar ya con renovada fuerza.

Cincuenta millones de muertos recordarían al mundo, nueve años después, su trágico error.

    Hoy es China, y la supuesta campaña de desprestigio es imputada al Dalai Lama “y su pandilla”. Ayer fue la Argentina de 1978, y la campaña era atribuida a la “sinarquía internacional”, a los “organismos de derechos humanos” (pronúnciese con desprecio y una mueca del labio superior). Antes, en 1936, fue la Alemania nazi, y la acusación recayó sobre esa extraña unión mítica entre judíos y marxistas (que en la Internet de hoy, curiosamente, sigue teniendo cultores, y no pocos…) No dudo que la ceremonia inaugural será fastuosa, tanto como la de Berlín de 1936, o la de Buenos Aires de 1978. Seguramente, el gigante oriental impactará con su organización, sus detalles, su atención esmerada. Lloverán los elogios. Todos regresarán a casa felices, satisfechos… Y proliferarán los negocios, que suele ser lo que hoy importa.

    No habrá festejos olímpicos en el Tíbet arrasado, ni en medio del genocidio de Darfur, ni en los campos de trabajo forzado para los budistas de Falun-Gong y los opositores políticos. No habrá alegría nacional para las niñas abortadas o asesinadas. Pero esas nimiedades, ¿a quién le importan?    

Ricardo D. Rabinovich-Berkman”

Fin de la Cita y pregunta:

¿Alguien buscó en Google estas cosas antes de que Argentina firmara algo con China? Es pregunta, nada más.


Sanatorios ricos con Médicos pobres ?

febrero 21, 2015

Solicitada

Me preguntaba esta mañana, después un intercambio tuitero con mi amigo @AleRissoVazquez y gente de AMAP, donde mi único y humilde aporte al debate sobre la “Solicitada” de hoy (cuya imagen ilustra este post) fue vía Twitter y se puede leer haciendo click aquí, si no valdría la pena reflexionar sobre el tema y preguntarnos si lo que la gente de nuestro país quiere es una sociedad con médicos ricos o una sociedad con médicos pobres. O, preguntárselo a la gente en forma directa.

Hago un “mix” conceptual:

Obviamente, lo que se tiene que querer es una sociedad sin médicos pobres o, en todo caso, a lo que un país tiene que aspirar es a tener los médicos pobres más ricos del mundo.

¿Por qué? Porque si los médicos pobres de Suiza, digamos, son los médicos más ricos del mundo, la salud en Suiza estará aún mucho mejor de lo que ya es.

Suiza es un buen ejemplo, porque tiene los pobres más ricos del mundo, pero tiene algunos de los ricos más ricos del mundo. Lo mismo le pasa a Suecia, otro país donde los pobres viven muy bien, pero hay fortunas, como las del fundador de Ikea, que casi no tienen rivales en el mundo.

Ahora, ¿qué pasa con países como Nigeria, en el que casi todos viven en la miseria, pero algunos son millonarios?

El alegato en defensa de los ricos no es válido en países que viven de la explotación de los recursos naturales. En esos casos, sí es común que unos pocos se queden con todo y el argumento de algunos de que muchos son pobres porque algunos son ricos es válido.

Pero en sociedades de la información y del conocimiento, como son hoy la UE, USA y Japón, que viven principalmente de la acumulación de conocimientos (La Nueva Riqueza de las Naciones), se da la fórmula de que “para que hayan menos pobres tienen que haber muchos líderes compitiendo por los recursos humanos y haciendo subir los salarios”.

Estos líderes son generalmente ricos. Es más, no conozco ninguna sociedad exitosa, es decir, ningún país cuyos médicos están entre los médicos más ricos del planeta, que no tenga también gente líder o dirigente muy rica.

Mi conclusión obvia es que cuando un país maltrata a sus médicos se maltrata a sí mismo y, por consiguiente, se mata a sí mismo, se suicida.

Esto no quita que no haya que cobrar impuestos progresivos, como ya lo expresé en mi post sobre Retenciones y Medicina.

Me parece muy bien que haya que crear un ambiente por el cual la gente que cae en situaciones adversas reciba la ayuda que se merece para salir adelante y que las desigualdades se reduzcan.

Pero LA SOLUCION no es que haya menos médicos ricos, sino que haya menos médicos pobres.

¿Cómo “evoluciona” un médico pobre, si no tiene acceso a las más mínimas CME o EMC (Educación Médica Continua) o capacitación por Internet? No tiene chances de mejorar para sí ni para la sociedad en la cual vive, se desenvuelve y aplica sus conocimientos en el ejercicio de su profesión.

Y si en Argentina los sueldos o ingresos globales de los médicos son tan bajos es porque no hay suficientes emprendedores o dirigentes creativos y capaces de competir a nivel global, como los hay en países como Holanda, Alemania o el Reino Unido.

Otro tema que le juega en contra a la Argentina es que muchas de las grandes fortunas provienen de industrias como la agricultura, ganadería, construcción y turismo, que emplean una mano de obra menos calificada y menos remunerada.

En estos momentos de crisis, Argentina tiene que aprender de Irlanda, que pasó de ser uno de los países más pobres per cápita de la Unión Europea a ser uno de los más ricos, atrayendo al capital norteamericano a instalarse en Irlanda. Pocos saben, por ejemplo, que Google tiene su “capital global” en Irlanda.

¿Qué hizo Irlanda? Eximió de impuestos a todos los que se decidieran a poner “su plata” en esa tierra árida y ya poco fértil, siempre y cuando generaran empleo y mejor calidad de vida para todos los irlandeses, sin generar conflictos con el medio ambiente.

Comparar el “Milagro Irlandés” con las maniobras de un Gobierno que pretende que un médico con una sólida formación académica preste servicios retribuibles al mismo precio por prestación que en Nigeria, para una Obra Social nacional y de “afiliación masiva e involuntaria” (otra opción no tienen nuestros “constructores del país”),  me exime de más comentarios.

Se entiende o lo explico en Chino?

Queremos Médicos de Buena Calidad o Médicos “Onda Supermercado Chino”? (con el mayor de mis respetos a las empresas que desarrollan esa actividad económica, que atacaron por el flanco y se adueñaron legítimamente de la cuota de mercado que los argentinos no supimos, no quisimos, o no pudimos satisfacer).

Señores: Argentina dejó de ser un país que vive solamente de la extracción de sus recursos naturales. Mal que le pese al actual Gobierno, a lo que todavía nos queda luego de sus políticas confiscatorias, el Sector Privado le está agregando valor … “Valor Agregado”. Se está convirtiendo en un país que exporta tecnología y conocimiento desde el Sector Privado. Nuestros “cerebros” ya no se están “yendo”, los estamos “exportando”, como todo buen país emergente. Un “botón de muestra” se puede leer en este artículo de hoy. Y además estamos recuperando, como podemos, a todos los que podemos. Su deber es estar acá, aplicando todo lo que aprendieron allá para que acá todo sea mejor.

Argentina, hoy, tiene el raro privilegio de ser un país que puede seguir explotando recursos naturales y además exportar tecnología y conocimiento.

Somos un “bicho raro” entre los Países Emergentes, tenemos las dos Fortalezas “clave” pese a nuestros gobernantes pasados y actuales y no las estamos aprovechando como debiéramos.

Un país desarrollado es como un auto que viaja a 100 km. por hora. Uno subdesarrollado es como un auto que viaja a 50 km. por hora. Argentina es hoy como un auto que viaja a 150 km. por hora, pese al “Freno de Mano” impuesto por el Gobierno.

De las decisiones que tomemos dependerán nuestra Salud y, sobre todo, la de nuestros hijos y nietos.

De nosotros depende. Pero no olvidemos que estamos viajando a 150 km. por hora.

Ajustémonos los cinturones, pongámonos el casco y conduzcamos nuestro Destino como País “Sabiamente”, no “profesoralmente” ni “contadoramente”.

Designemos Líderes y Ministros “Profesionales” a nivel Global, no advenedizos científica y médicamente analfabetos nombrados por la “vía digital” o “militancia partidaria”, creo que se entiende.

Esa época ya pasó, necesitamos “Profesionales” capaces de ver, actuar y guiar con la mirada puesta 2 o 3 generaciones más allá del final de sus mandatos.


“Vocación de Médico” … pero por qué no te vas a …

febrero 17, 2015

 

FF2

Algunos colegas y amigos me comentaron, y también leí, algunas opiniones de varios Ministros de Salud de algunas provincias argentinas, coincidentes todos ante la Prensa Nacional, diciendo que “los médicos argentinos no tienen vocación” o que “no somos los médicos que el País necesita”, entre otras cosas.

Podrán decir que no pertenezco a los médicos de Buenos Aires (la Gran Ubre) o que soy un simple médico del Interior. Pero siento, humildemente, la obligación de marcar algunas disidencias, porque cuando tocan a uno nos tocan a todos.

Los “Señores Ministros” (que no elegimos en las urnas, sino que han sido puestos “a dedo” en sus cargos por su “militancia y confianza partidaria”; de hecho, yo lo desaprobé en su examen de ingreso a la Residencia a un actual Ministro pero “entró” igual por “hijo de”) hablan a la población de la “Falta de Vocación de los Médicos”.

Creo que se equivocan.

Los médicos argentinos sí tenemos “vocación de médico”. Es más, tenemos muchas vocaciones:

Vocación de INDIGENTES, por eso aceptamos que, por un trabajo que nos llevó muchos años de formación y sacrificio obtener, nos paguen miserias y “en negro”.

Vocación de ESTUDIANTES porque debemos estar TODA LA VIDA estudiando cosas nuevas y repasando cosas viejas.

Vocación de DOCENTES para enseñar a la población normas de cuidados de salud, alertar sobre enfermedades, ya sea en nuestros consultorios o en los medios donde nos dan “espacio” sin tener que pagar (especialmente en los lugares chicos), sin que nos “auspicien” Laboratorios y, menos aún, que nos paguen por eso.

Vocación de POLICIAS porque defendemos a los niños y las mujeres de las agresiones de la sociedad enferma y la inseguridad consiguiente que los mismos gobernantes generan.

Vocación de ABOGADOS para ir a los Tribunales cuando nos requieran para informar sobre pacientes, en el mejor de los casos, o para defendernos de las acusaciones de los abogados litigantes indebidos, rapaces y deshonestos que corren tras nuestras pólizas de seguro y que sólo quieren vivir el resto de sus vidas a costas del trabajo que somos capaces de hacer a pesar de que con sus accionares nos hayan destruido como médicos, como personas y, por ende, también a nuestras familias.

Vocación de PACIENTES para admitir que nos impongan “Ministros” que no saben absolutamente NADA de manejo de políticas de salud, directores de hospitales amigos del poder, extraños que deciden cuánto dura y cuesta una consulta médica. Tanta paciencia tenemos que soportamos todo eso sin reaccionar (todavía).

Vocación de PSICOLOGOS, con la que tenemos que detectar problemas económicos, sociales, familiares, psiquiátricos, etc., encubiertos en la SIMPLE Consulta.

Vocación de SUICIDAS para seguir con esta profesión que tiene el índice más alto de divorcios, alcoholismo, adicciones, muertes prematuras y, así y todo, es la menor en remuneraciones comparada con otras profesiones “clásicas”. De hecho, entre los médicos no existe el “Intento de Suicidio”. Tenemos tanta vocación que los colegas que toman esa decisión no fallan nunca. Se suicidan y punto.

Vocación de ESCLAVOS cuando permitimos, basados en la definición de “Servicio Esencial” desde la formación (RESIDENTES, o en latín Forrum utilísimus) que se nos metan en nuestros hogares, interrumpan las reuniones familiares, llamen por teléfono a cualquier hora, nos cambien de horarios por conveniencia y no nos permitan tener vida propia y familiar (más en los lugares  o pueblos chicos).

Vocación de MARTIRES en los momentos que debemos salir “a todo lo que dá” en una ambulancia hecha pedazos por calles destruidas e ir a un lugar donde no entraría ni Rambo con Swat para atender sin los elementos básicos a un borracho en coma o a una histérica que se peleó con su novio y rogar que no nos metan un tiro en la nuca o nos apuñalen, además de suplicar que en el trayecto no choquemos y nos pase algo, porque no tenemos Seguro de Vida ni ART.

Vocación de INOCENTES, cuando permitimos que el presupuesto de la salud se lo lleven los empresarios, los funcionarios burócratas y corruptos, los laboratorios que experimentan en humanos sin aval del ANMAT, los sindicalistas que siempre piden su tajada de la torta y nosotros seguimos reclamando que se lo aumente. Somos TONTOS también, y de vocación. 

Vocación de AUTODIDACTAS al costearnos la actualización que se nos exige después que el Estado decidió dejar de invertir en formarnos y nos dejó a la deriva: “Si necesitás algo ya sabés, arreglate como puedas”.

Vocación de ALTRUISTAS cuando metemos la mano en nuestros bolsillos y ponemos la plata de nuestros magros ingresos para cubrir las necesidades que el Estado se niega a reconocer en el Sistema Público, desde la garrafa hasta la “vaquita” para el antibiótico del hijo de un padre desempleado.

Vocación de ESCRITORES para anotar en la historia clínica todo lo posible, pensando que lo deberá leer el Jefe a la mañana o, peor, un juez en algún momento.

Vocación de INSOMNES para pasarnos sin dormir trabajando o preocupados por nuestros pacientes hasta que sea el amanecer … y después continuar trabajando hasta la noche.

Vocación de GILES para admitir que todavía digan que los médicos son millonarios, vagos, cómodos e inútiles, basados en una excepcional minoría.

Vocación NACIONALISTA para quedarse en este país, resistiendo a la tentación de los reconocimientos sociales y económicos de otros lugares del Mundo, que no pueden creer que el prestigio mundial de los médicos Argentinos sea minimizado por sus propios coterráneos.

Vocación de PACIFISTAS, porque ante cada agravio respondemos con nuestro trabajo, mansamente (todavía).

Vocación de ECONOMISTAS, para usar los medicamentos e insumos de dudosa procedencia, comprados en licitaciones más dudosas aún, y que debemos hacer durar porque las reposiciones son aleatorias, o cuando debemos terminar de operar o ver una garganta con la luz del celular, cuando aprovechamos al máximo los antibióticos o compartimos los tratamientos … “Si hay miseria que no se note”.

Vocación de AMANTES, para permitir que nos hagan lo que quieran, nos humillen y nos tiren dos mangos mientras nos mienten que “nos quieren y nos necesitan.”

“Señores Ministros Elegidos a Dedo”: ¿No creen que nos sobran VOCACIONES  y que somos los MEDICOS QUE EL PAIS NECESITA, además de ser los únicos que (todavía) soportamos sus agravios?

¿Qué opinan Ustedes, demás Colegas “Médicos de Vocación”?

¿Agregarían alguna otra “Vocación” a mi breve listado?


Sueños de Rivotril ®

febrero 13, 2015

suenio

Generalmente, en un blog, uno escribe sobre cosas de actualidad, que ha investigado, que le gustan, etcétera. Sin embargo, pocos blogueros escriben sobre algún  sueño que hayan tenido y es lo que voy a contarles hoy.

Anoche soñé que estaba en mi consultorio, pero no era mi consultorio real (como suele ocurrir en los sueños). Estaba atendiendo normalmente hasta que le llega el turno a un paciente que trataba desde hace años por hipertensión arterial. Era un policía, pero en mi sueño tenía la cara de un conocido comerciante. Y ahora que estoy despierto no recuerdo haber tenido jamás un paciente así en la vida real. Cosas de los sueños.

Hablamos, lo reviso y, mientras le recordaba que debía seguir una dieta pobre en sal, me contó que se sentía muy bien pero que le costaba comer sin sal por su trabajo, ya que suele comer ahí y se cocina lo mismo para todos. Le pregunté si no era más fácil llevarse la comida sin sal desde su casa a su negocio y me dijo que no, que no podía llevar ningún paquete a su trabajo y que él no tenía ningún negocio. Ahí recordé, en mi sueño, que el hombre trabajaba como guardia en una cárcel o algo así. Así que seguimos hablando en mi sueño:

- Bueno, Miguel, dame tu talonario de recetas que te hago la de tu medicamento (no sé porqué, pero en mi sueño se llamaba Miguel).

- Acá tenés, tordo. ¡Ah! Y por favor, haceme una receta aparte, de las comunes, por  Rivotril ® de 2 miligramos de 60 comprimidos … así nomás, sin mi nombre.

- Pero … si vos no tomás Rivotril, Miguel. ¿Vos te creés que necesitás un tranquilizante un poco fuerte y que algunos psiquiatras dicen que es adictivo ? ¿Te pone tan nervioso tu trabajo? ¿No querés algo más “suave”?

- No, tordo, haceme ése nomás. Es una gauchada que te pido.

- Bueno, te lo hago por tu obra social. Acá tenés lugar para un remedio más en tu receta, así pagás la mitad en la farmacia.

- ¡No, tordo! Si me lo hacés así me lo tienen que autorizar en Salud Mental, ahí quedo registrado y además me pueden “batir”. Estamos muy controlados.

Aún en sueños, como médico, algo no me “cerraba”.

- Miguel, decime la verdad. El Rivotril no es para vos, ¿no es cierto?

- Mirá, tordo, a vos no te voy a mentir. Es para un negocio aparte que tengo. Vos sabés que los compañeros cobramos muy poco y nos tenemos que rebuscar de alguna forma. Esto es una “papa” y si no lo hacemos nosotros, lo hacen otros.

- A ver, explicame eso, que no te entiendo …

- Somos diez compañeros y cada uno de nosotros le tiene que llevar diez cajas por mes al preso que las vende “adentro”. Ese es el capo que maneja el negocio ahí adentro. Vos sabés que la mayoría de los de ahí vive “empastillado”. Ese guacho es el que más gana, pero así es esta cosa.

- Pero, Miguel … ¡son 6.000 pastillas por mes! Me parece que pueden tener problemas todos ustedes …

- No, tordo, nosotros compartimos con los jefes, ¿viste? Mirá, yo compro una caja con una receta de éstas y me sale 97 mangos en cualquier farmacia. En las que no llevo receta me cobran 150, porque ellos ya tienen guardadas las recetas truchas hechas con sellos de médicos que copiaron en cualquier lado, incluidas las tuyas.

- ¿Cómo que “las mías”?

- Y … sí, yo vi varias recetas con tu sello y la firma no era la tuya. Hace años que me atendés y a tu firma la conozco de memoria. Lo que pasa es que ellos tienen copiados más de 50 sellos de médicos. Eso es fácil. ¿O alguna vez te pidieron tu documento o tu matrícula en una imprenta?

- No … la verdad que no, pero ¿porqué te cobran 53 pesos más por una receta archivada trucha?

- Son los números, tordo, son los números. Si yo compro con receta me cuesta 97 pesos y sin receta me sale 150. De 1,62 pesos, la pastilla me pasa a costar 2 pesos con 50. Yo invierto 970 mangos por mes en esto, pierdo mucho si gasto 1.500. Sacá la cuenta, les regalo 530 mangos por mes. Así, ellos me “comen” 530 mangos por mes, más de  6 lucas y media por año. Eso no es plata para ellos, pero para nosotros sí, son 530 mangos menos por mes para cada uno, porque al precio del comprador y la parte del jefe la tenemos fija. Vendemos a 8 pesos la pastilla, el vendedor las cobra 15 pesos a los presos y nosotros tenemos que entregar al jefe 4.800 pesos fijos, todos los meses y hacemos todo el laburo nosotros. Encima, cuando nos repartimos entre nosotros, le tenemos que dar 100 mangos cada uno a los 4 que están divorciados y tienen que pasar “alimentos”. O sea que yo, de los 4.800 que me tocan por mes le dejo 530 a la farmacia y les paso 200 a los que tienen ese drama. Me quedan más o menos 3.900 mangos por mes.

- Esperá un poco (le digo en mi sueño, mientras agarro una calculadora que no reconozco) … ¿Estamos hablando de que el vendedor de adentro se lleva 90.000 pesos por mes “limpitos” y que tu jefe se lleva 4.800? ¿Te das cuenta de que el vendedor de adentro se mete en el bolsillo más de 1 millón de pesos por año y que tu jefe hace lo mismo con 58.000 pesos por año?

- Bueno, tordo, son negocios separados. El de adentro tiene 5 presos que venden a precio fijo por cada unidad de detención y él les pasa 2.000 por mes y pastillas a cada uno. Le quedan 80.000 por mes nomás. El jefe no sé si reparte o no. Ahí los negocios son separados y nadie se mete con los del otro si se respetan los “códigos”.

- ¿De qué “códigos” me hablás? ¿De los mismos de “la calle”?

- No, papá, de los de “atroden”, ¿viste? Nosotros estamos protegidos “desde adentro” en cualquier motín, por los jefes y por los presos. Afuera es distinto. Afuera el negocio es más chico, se divide mucho porque lo manejan los pibes y “nadie grande” de la fuerza se mete a menos que lo jodan y no les quieran pasar algunos mangos por no entrar en las villas cuando están vendiendo “merca” buena.

- Miguel … (lo pienso dos veces en mi sueño, antes de hablar) … ¿te das cuenta de que vos y tus otros 9 compañeros están moviendo un negocio ilegal de 1.100.000 pesos por año y me venís a pedir una receta “de favor” por 53 mangos de diferencia? ¿No se les ocurrió hacer las recetas con los sellos truchos a ustedes?

- Tordo, no somos giles. A eso lo podemos hacer, pero si se arma el lío, quedamos pegados con la “pericial caligráfica”.

Mientras soñaba, recordaba que había cosas que nunca había pensado, así que en ese sueño decidí “sacarle” algo más de información a Miguel, por pura curiosidad, de mi sueño que recuerdo hasta ahora, al momento de escribir.

- Miguel, te entiendo. Pero espero que no estés metido también en lo del  Viagra ®, en las que llaman “visitas higiénicas” también …

- No, tordo, quedate tranqui, a eso lo maneja otro grupo (son 3 nomás) pero tienen pocos clientes adentro. Fijate: un comprimido sin receta, como ya te conté, te lo cobran en algunas farmacias a 20 pesos. Ellos los llevan adentro y lo venden a 30. Los de adentro se los cobran 50 pesos a cada preso que quiere para ese tipo de visitas y terminan cobrando pocos mangos por mes. Son pocos, los presos que compran no quieren que se sepa que no se les para para no pasarla mal después, no es negocio para nosotros y, además, otro jefe se lleva 10 pesos por pastilla. Al de adentro le quedan 20 pesos por maso 50 pastillas por mes … más o menos 1.000 mangos, el doble que el jefe. Los 3 giles que consiguen eso ganan 500 mangos por mes como máximo. Para nosotros eso no es negocio … los otros negocios lindos están “adentro”, esperá que te cuento otro …

En eso suena mi reloj despertador y me despierto rápido … había tenido un mal sueño … todo lo que escribí es pura ficción, nunca sucedió, sucede ni volverá a suceder.

Es sólo el relato de un sueño el que acabo de escribir, totalmente alejado de la realidad, la temporalidad y demás cosas.

Es más, este post nunca existió. Sólo fue un sueño.

Buenas noches a todos …


El año 2014 fue poco productivo en mi blog

diciembre 29, 2014

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 2.900 veces en 2014. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 48 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.


¿En cuánto vendo mi Sanatorio?

noviembre 30, 2014

 

sanatorio

Estamos asistiendo a una vertiginosa oleada de ventas, compras, fusiones y adquisiciones (M&A) de numerosas clínicas y sanatorios privados en todo el país.  

Hace unas tres semanas, un colega dueño de un Sanatorio muy tradicional del interior del Chaco me consultó porque le habían ofrecido comprarle su Sanatorio y no tenía en claro si le convenía venderlo o conservarlo. Su historia es una de muchas de las de Sanatorios o Clínicas montadas desde Cero por sus padres médicos y que él continuaba como consecuencia de ser el heredero del emprendimiento familiar. Cuando lo escuchaba pensé rápidamente en la diferencia entre “Familia con Empresa” o “Empresa de Familia”, dos cosas muy distintas a la hora de encarar un proceso de venta.

Le dije que tal vez mi modesta experiencia en el tema desde hace muchos años le podía servir de algo, como también a otros más. Esa es la razón de este post.

Le expliqué lo que consideraba de esa “oferta tradicional” de Compra, explicándole que a la hora de decidirse a comprar un Sanatorio o Clínica, las razones suelen ser (para el oferente) la necesidad de ingresar a un mercado, la necesidad de compensar las pérdidas que se tienen o se tendrán en otros mercados, el ampliar la participación que se tiene en el mismo o simplemente adquirirlo para aumentar su valor y venderlo a los pocos años.

Recién me entendió cuando le dije que el auténtico “comprador profesional” conoce el sanatorio que va a adquirir desde el vamos. Ya lo sabe casi todo. Conoce a la perfección su objetivo, pero no quiere “sorpresas”.

Tiene un fundamento estratégico: El más común es la compra de otros competidores para incrementar su cuota de mercado o, menos frecuente pero real, un nuevo socio no médico puede querer posicionarse en un mercado en el cual no actúa, anclándose o “yendo de la mano” de los que sí lo hacen y conocen perfectamente, para lo cual debe convertirse en Socio de ellos, demostrándoles que tiene un Valor Agregado Visible u Oculto, para lo cual no oferta en forma directa sino a través de los socios que ya conocen el negocio.

El Valor Agregado Visible sería, por ejemplo, aportar un nuevo Sistema Informático de su propia creación o propiedad que permita a los restantes socios una escalada de mercado conjunta contra el que no exista competencia o diferendos de Derechos de Patente o Licencia. O sea, debe ser el Dueño Legal de “esa” Patente o Licencia de Aplicación.

El problema surge, en términos empresariales o económicos, en el supuesto Valor Agregado Oculto, al ser el mismo intangible por definición.

La intangibilidad de ese Valor Agregado Oculto depende de la capacidad operativa o de lobby del recién llegado, que está obligado a demostrar con hechos concretos la misma o a aceptar su expulsión sumaria. Responde por lo que “dice que va a lograr”, lo que en términos de Fusiones o Adquisiciones serias tiene un valor cercano a Cero.

En estos tipos de operaciones se cumplen o sobrepasan las expectativas generadas con la lengua o su incumplimiento se paga con la cabeza.

En tanto, los denominados “Private Equity Funds” (PEF’s) que operan formalmente tienen otra razón de compra: lograr participaciones o control de empresas para potenciar esas inversiones. O responden con ganancias “palpables en cash” a sus inversores o quedan fuera del juego “ad vitam” (el “Vox pópuli, Vox dei” empresarial no tiene tiempo o plazo de prescripción). En este caso, la motivación de compra es lograr una rentabilidad de la inversión (Tasa de Retorno Sobre la Inversión) que no puede obtenerse a través de colocaciones en mercados financieros convencionales a tasas de interés superiores a la inflación real. Hay que ser muy “buen jugador” para lograrlo en un contexto inflacionario.

Ningún “escenario futuro” o “proyección económica y financiera” se puede establecer jugando a la Ruleta Rusa. De 5 disparos posibles, 1 puede ser letal para la nueva empresa. Un 20 % de Riesgo Mortal en un contexto inflacionario anual mínimo de un 40 % es demasiado en nuestro país.

El nuevo Socio debe garantizar de alguna manera ese 60 % de “Base” en su incorporación sólo para “comenzar a jugar” en el nuevo territorio sin ganar ni perder, y debe tener Planes A, B, C, D y E, como mínimo “Valor Agregado” a la Empresa de la que pretende ser parte. Eso no es poco. El “Nuevo Socio” del Equipo Comprador no solamente debe garantizar el 60 % de Retorno Neto sobre la Inversión para llegar al Punto de Equilibrio (no ganar ni perder) y debe lograr que la Rentabilidad final de Su Gestión sea superior a una operatoria común en Dólares en la Bolsa. En la práctica, una Tasa de Retorno Anual Sobre la Inversión superior al 80 % en Dólares, cosa que muy pocos “negocios blancos” logran.

Le explicaba a mi colega que hay dos decisiones clave a tomar por parte del “comprador profesional” que ya juega en este mercado: si va a comprar la entidad jurídica de la empresa a través de la compra de acciones o si va a comprar sólo activos, el contenido del negocio.

En muchos casos, las empresas no están tan interesadas en comprar todas las acciones y se dan modalidades de asociación en las cuales el dueño que vende sigue actuando como gerente general en la nueva empresa.

El proceso de compra/venta de una empresa sanatorial tiene varias fases.

En primer término, la parte compradora manifiesta “cierto interés” a la empresa que piensa adquirir (a la que ya investigó y sobre la cual conoce “todo” menos los “pasivos ocultos”) en un sondeo inicial.

Si en este paso se avanza, se firma un contrato de confidencialidad en el cual las partes se comprometen a mantener en secreto la negociación y la información que allí se maneje.

Luego comienzan las reuniones entre los representantes de ambas partes y se inicia lo que se denomina due dilligence, que consiste en un análisis a fondo del sanatorio a ser comprado.

Se trata de una profunda auditoría, que abarca todos los aspectos legales y contables.

Luego se firma un pre-acuerdo de compra donde se fija un valor por la operación.

En todos los contratos los compradores no abonan el monto final acordado, sino que se reservan un “fondo de garantía por eventuales pasivos que pudieran surgir en el futuro”. Concretamente, Juicios de Mala Praxis o Laborales sin sentencia absolutoria firme.

Las razones de por qué vender un Sanatorio como empresa también pueden resultar muy variadas.

Una alternativa, que se dio en innumerables transacciones realizadas en los últimos meses, es que una empresa reciba una tentadora oferta, muchas veces proveniente de un inversor extranjero o nacional que “maneja” información privilegiada.

Pero también están los casos en los cuales la venta es la única salida ante la falta de rentabilidad o la pérdida de ventajas competitivas.

Asimismo, en el caso de las PyMEs, la venta de la empresa se origina ante la posibilidad de acceder a financiamiento que les permita seguir compitiendo en mercados globalizados.

Una empresa se decide a vender cuando existe una oferta de compra por parte de un inversor, o cuando es la misma empresa la que sale a buscar un socio o a buscar capital.

Una de las cosas que se tiene que preguntar el vendedor es si se quiere desprender de la totalidad de la empresa o seguir conservando la mayoría.

En el caso de que la vendan a un inversor del exterior, es muy difícil que puedan conservar la mayoría accionaria, a no ser que el vendedor sea líder en su mercado. Puede haber diferentes grados de integración que no pasan únicamente por vender la empresa.

Alternativas como las fusiones, joint-ventures, alianzas estratégicas o acuerdos de distribución y ventas deben ser considerados dependiendo de cada caso.

A la hora de enumerar razones para vender una empresa, los problemas societarios juegan su rol.

Las razones predominantes de ventas se originan en dificultades societarias con origen familiar en empresas que están en la segunda, tercera o cuarta generación del fundador y encuentran dificultades para lograr un management profesional o para capitalizar la firma, por la necesidad de varias familias de obtener fondos.

Otras razones que pueden forzar la venta de una empresa son las dificultades financieras, imposibilidad de formar un management profesional o de competir ante la globalización y la presencia de marcas internacionales.

El temor de ser “arrasado” por la competencia, y más aún cuando esta llega desde afuera y con mucha fuerza, suele ser otra motivación de ventas empresarias.

Cuando el empresario detecta que hay una pérdida de ventaja competitiva, lo asalta el temor de que venga alguien al mercado a hacer el trabajo mejor que él.

Otra razón poderosa de venta se da cuando el empresario llegó al límite de su capacidad de financiación y crecimiento.

Es importante decir que, muchas veces, cuando una empresa grande “de afuera” viene a comprar a una local, advierte a la misma que igualmente entrará al mercado con o sin esa compra. Ante ese “Conmigo o Sinmigo” lo más frecuente es que haya un acuerdo. Extorsión Profesional y poco fácil de digerir. 

En el 90% de los casos, las empresas a ser compradas aceptaron la oferta para evitar una confrontación en la que, seguramente, iban a llevar la peor parte.

También resulta fundamental saber cuándo es el momento para vender.

Si la empresa no tiene un valor razonable puede estar en venta durante mucho tiempo y eso puede ser perjudicial para los accionistas, porque si hoy ya no vale tanto como creen, mañana puede valer aun menos.

¿Cómo tasar mi sanatorio?

“¿Cuánto vale mi sanatorio?” es la “pregunta del millón”.

Desde el punto de vista técnico, el valor de una empresa de servicios médicos se fija a partir del denominado flujo de caja descontado. Una vez establecido el “cash flow” anual de la empresa, se le resta todo lo que sean intereses, depreciaciones e impuestos.

La cifra que surge se multiplica generalmente por cinco o siete y así surge el valor “puro” de la empresa.

Sin embargo, esta forma de calcular el precio de la empresa no es fija para todos los mercados y varía de forma considerable.

En algunos segmentos, como el de TV por cable, se fija un precio por abonado y luego se multiplica este valor por la cantidad de abonados.

En el mercado de los laboratorios farmacéuticos, se considera que una empresa equivale a un año y medio o dos de facturación. En el mercado argentino se llegó a pagar hasta 22 veces este índice, lo que significa una multiplicación del flujo de caja mucho mayor a la acostumbrada.

En el mercado norteamericano, y en industrias “calientes” como la de telecomunicaciones, esta multiplicación llega a hacerse hasta por 45 o 50.

Además del valor técnico que tiene una empresa, deben considerarse otros aspectos. En este sentido recalca que en algunos casos dos empresas pueden tener la misma facturación, pero un nivel de rentabilidad diferente.

Muchas veces el comprador atribuye un valor subjetivo a la empresa a ser comprada y está dispuesto a pagar por las sinergias que cree que va a tener con la compra de esa compañía más de lo que vale en los números.

El valor de una marca

En algunos procesos de compra/venta, el interés del comprador no se concentra tanto en la adquisición de una empresa con todo lo que ello implica (empleados, infraestructura, canales de distribución, etc.) sino que la motivación de compra pasa por la capacidad de una marca por garantizar determinada participación en el mercado. El caso de la venta de Havanna, por ejemplo, demuestra en qué medida el valor de una marca puede ser importante. En este caso, se pagó por la compañía mucho más de lo que se abonó proporcionalmente por empresas como Bagley o Terrabussi.

¿En qué momento se compra sólo una marca? Los que se dieron fueron muchos casos en los cuales sólo se compró la marca de una empresa que quebró, tal como ocurrió con electrodomésticos Yelmo y Atma.

Algunas veces la marca es lo fundamental. Y, en general, en esos casos los compradores prefieren adquirir la marca y no llevarse consigo la estructura industrial y organizativa.

En cuanto a qué valor tiene una marca en una empresa, es muy difícil de establecer. A la hora de valuar una empresa se considera a la marca como un activo más que permite a la compañía generar determinado flujo de caja.

Esta afirmación se ve confirmada por todos los resultados. Por lo tanto, a la hora de decidir cuánto vale una empresa, no se fija un valor independiente a la marca, sino que se observa en qué medida esa marca permite generar un determinado volumen de facturación.

El rol de las PyMEs

En un contexto marcado por la hiper-competitividad, muchas veces las PyMEs deben enfrentar coyunturas muy difíciles, donde surgen varias preguntas: ¿Cómo seguir obteniendo ventajas competitivas? ¿Qué hacer ante la llegada a mi mercado de un competidor externo? ¿Cómo reaccionar ante una oferta de compra?

El principal problema que enfrentan las empresas pequeñas y medianas es la imposibilidad de obtener financiamiento, ante el avance de la globalización y la mayor competencia que se está dando en esta época.

En el dinámico mercado actual, existen muchos inversores que consideran más favorable comprar una PyME con cierto mercado garantizado antes que introducirse en ese segmento por su cuenta.

El primer consejo que surge para las PyMEs Médicas interesadas en vender su empresa, es que accedan a un asesoramiento profesional y sean transparentes en cuanto a la calidad de información que proporcionan mientras negocian la operación.

El inversor realiza una auditoría previa a la compra de la empresa que le interesa, y si los papeles y números están “dibujados” suelen generarse problemas que a veces terminan con el fracaso de la transacción.

Muchas veces existe un acuerdo en cuanto al monto de la venta, pero el proceso fracasa durante el denominado due dilligence, cuando el comprador realiza un análisis profundo de la realidad de la compañía.

La mayoría de las veces, las PyMEs no tienen posibilidad de acceder a una empresa de primer nivel especializada en Mergers and Acquisitions, cuyos honorarios mínimos pueden estar en un piso de $150.000. Sin embargo, los consultores insisten en que se recurra al asesoramiento de profesionales, ya que no es lo mismo manejar una empresa que saber venderla.

Pero el rol de la PyME ante la globalización no sólo está reducido a esperar que la vengan a comprar. Uno observa la aparición y subsistencia de muchas empresas chicas o medianas que han logrado capitalizarse, que no tienen conflictos societarios y que han podido competir con empresas de mayor tamaño en mercados donde no hay marcas internacionales o, aún habiéndolas logran una inserción para las propias.

Otro camino que pueden recorrer las PyMEs en su lucha por la subsistencia es unirse para ser más fuertes. Esta unión puede tener como objetivo seguir compitiendo en el mercado o, simplemente, generar una asociación virtual para tener más capacidad negociadora ante un intento de compra “hostil”.

Cuando uno sale a vender, lo que tiene que maximizar es el precio, o sea que me paguen lo más posible.

Consideremos el caso del mercado de las ambulancias. Si varias empresas del sector se unen ante la llegada al mercado local de un big player pueden obtener excelentes resultados, ofreciendo al comprador una facturación más importante en el conjunto y pudiendo reducir costos.

En tanto, sobre los rubros de empresas PyMEs que más atraen a los inversores del exterior: existe un gran interés por comprar empresas argentinas de los ramos alimentación e indumentaria. También hay proyectos para el agro, el turismo y el esparcimiento.

El desembarco de los grandes

La Argentina, en el pasado, se vio invadida por la aparición de grupos de inversión que incorporaron una gran dosis de capital a muchas empresas, realizando adquisiciones en los rubros más diversos que conmocionaron al mercado local. Los casos del CEI, IRSA, CRESUD, EXXEL GROUP, AVP y otros, merecen un análisis particular.

El éxito, o no, de este tipo de inversiones, recién se podrá ver en un tiempo considerable, ya que es muy distinto poder comprar una empresa que mantenerla y agregarle valor.

No hay un antes y un después de estos grupos.

Ellos se incorporan como demandantes de adquisiciones y han estado muy activos. Por ahora el interés de algunos de estos grupos, y específicamente Exxel (ahora desde el exterior), es comprar una empresa, fusionarla, valorizarla y luego venderla.

Siendo esto así, parecería que estas iniciativas no van a ser perdurables como iniciativas empresarias a largo plazo de desarrollo y consolidación de empresas.

Es relativamente fácil comprar empresas, pero lo difícil es manejarlas bien y ganar plata.

Muchos de estos fondos compran “negocios”, aunque habrá que ver en cinco o siete años si la plata que invirtieron significa un retorno al accionista dado por la buena gestión del management.

Otra duda sobre la performance de los denominados fondos de Private Equity, surge al preguntarse en qué medida es posible dedicarse a mercados diferentes y poder aplicar una administración afectiva en todos.

Dedicarse a varios negocios diferentes parecería contradecir una de las reglas a las que apelan los consultores de planeamiento estratégico, que aconsejan dedicarse a lo que uno realmente sabe y donde pueden sacarse más ventajas.

Sin embargo, todo será cuestión de esperar y ver qué pasa con la evolución de las empresas compradas por estos grandes grupos.

De lo contrario, el Inversor Salvador que promete aportar Rentabilidad superior al que podría hacerse por vías legales, estará en serios problemas.

Eso es lo que le dije a mi colega. No volvió nunca más a consultarme.


¡Los pechos con siliconas son “una bomba”!

junio 25, 2014

 

¿Qué esperaban? ¿Que les dijera que las chicas, señoritas o señoras (y tal vez también algunas personas de sexo masculino original) que han decidido implantarse prótesis de siliconas en el busto (u otros lugares, como los glúteos) “son una bomba”? …

No. Estarán un poco más atractivas para los ojos de los amantes de lo “artificial” y para el ego de ellas mismas al mirarse frente al espejo, pero están generando problemas en serio para sus familias para cuando “se van” … al horno crematorio …

Crematorio

Las famosas prótesis de siliconas (que tanto lucen en la TV y en la vía pública) explotan y dañan los hornos crematorios.

En Europa (esto comenzó en Dinamarca), las familias están siendo obligadas a pagar por operar el cadáver (para retirar las prótesis) antes de ser incinerado o “cremado”.

Los implantes de siliconas, utilizados normalmente para aumentar el busto con fines estéticos, pueden terminar siendo una fuerte carga económica para la sociedad y, sobre todo, para los familiares de las mujeres que los llevan cuando éstas fallecen.

Las experiencias de otros países, donde estas operaciones se hacen desde hace muchos años, demuestran que los implantes pueden explotar como si fueran pequeñas bombas durante la incineración del cuerpo de la difunta.

Las explosiones suelen provocar serios daños en los hornos crematorios, por lo tanto en algunos países ya se está obligando a los familiares a pagar por la operación para retirarlos del cadáver antes de ser incinerado o “cremado”.

Es un problema del que ya se está hablando mucho en todas las conferencias internacionales del gremio de los funerarios.

Lo que ocurre es que la silicona comienza a hervir debido al calor y al final la presión hace que explote.

Pero como la silicona no se quema porque necesita temperaturas extremadamente altas, se queda pegada como una pegajosa capa en el interior de los hornos crematorios. Esta capa se va haciendo más gruesa con el tiempo y no sólo provoca el mal funcionamiento sino la eventual destrucción del costoso aparato.

En Inglaterra ya se ha prohibido la incineración de cuerpos que contengan implantes de siliconas y, a no ser que tengan un permiso especial, los herederos o familiares de la difunta tienen que pagar por la operación de retirada de los implantes o responder económicamente por los daños causados en el horno.

En otros países, donde los crematorios son un servicio público financiado con los impuestos de los contribuyentes, ya se está estudiando tomar medidas similares porque se asume que la sociedad no tiene que pagar por los desperfectos que pueda ocasionar la difunta en su último viaje, al haberse sometido voluntariamente en vida a una operación innecesaria con fines estéticos.

Al ser un implante producto de una decisión privada, con fines meramente estéticos o eróticos, no reconocida ni pagada por los diferentes seguros de salud u obras sociales, no hay motivo legal para que estos últimos se hagan cargo de las consecuencias económicas de un supuesto “capricho” o “veleidad” de la occisa.

Todo lo que entra en un horno crematorio debe arder hasta quedar reducido a cenizas y los implantes de siliconas no lo hacen. Sin embargo, antes de tomar medidas globales quedan todavía muchas cuestiones éticas por resolver.

Mientras tanto … queridas lectoras … piensen en sus “herederos” dos o más veces antes de ir al quirófano con fines estéticos.

El hacerse un implante con fines “reparadores”, como por ejemplo luego de una extirpación de una mama por un cáncer, no se discute en estos casos. La extirpación es (y debe ser en todos los países) gratuita, como corresponde a una víctima de un cáncer, respetando los Derechos Humanos.

Separando la paja del trigo, estrictamente.


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