Hace cinco años, escribí algo sobre este tema. Hoy les copio y pego a mis lectores el texto original (para que no tengan que hacer un click de más) y les paso una imagen muy ilustrativa de lo que (a mi criterio) deben ser las imágenes de las Fiestas.
“El estrés que generan las Fiestas de Fin de Año.”
Los “balances” personales que suelen elaborarse para estas épocas pueden ser dañinos.
Hay que hacer sólo lo que se pueda, ser realistas y evitar las relaciones y situaciones conflictivas.
“¡Otra vez las fiestas!, De lo que me propuse no hice ni el 50 por ciento, estoy agotado, necesito vacaciones”.
¿Quién no se reconoce en estas frases simples que, sin embargo, dan cuenta de una relación tan compleja como la que mantienen el cuerpo y la mente ?
Y son la exteriorización de una certeza médica: las fiestas y el ciclo de 365 días que se cierra, potenciándose entre sí, convierten a esta época en el momento más estresante del año para la mayoría de la gente.
El trajín de Navidad y Año Nuevo, desde la organización de la cena, la puesta a punto de la casa y la compra de regalos -todo con los chicos en casa porque terminaron las clases-, hasta su carga emocional por los seres queridos que no están, y las molestias que incluyen a los familiares “conflictivos” (con los que hay que reunirse a “festejar”), son parte del paquete de exigencias disparadoras del estrés.
¿Qué más? Fechas límites en el trabajo, en los estudios y el clásico balance existencial que suele venir con saldo negativo.
Y además, hay que ser felices y “pasarla bien”, porque por algo se llaman “Fiestas”.
Las abordamos con expectativas muy altas, ligadas al sistema de creencias que tenemos de cómo serían las fiestas ideales. En general, lo ideal se liga a que sea familiar, al reencuentro, a expresar sentimientos de solidaridad y perdón y esto no suele darse, más aún, se producen desencuentros.
Otro factor es que ésta es, en las empresas como en la vida, la hora del balance. Y ahí nos encontramos con las expectativas que pusimos en el año y que no se pudieron cumplir. Quizá porque las metas eran difíciles o porque necesitábamos más tiempo para concretarlas.
“Otro año más no cumplí lo que me propuse”, suele ser el lamento común.
Emociones, estrés y salud. Hoy se sabe que tienen un nexo estrecho que la medicina estudia desde el campo joven de la psiconeuroendocrinoinmunología. Una palabra inmensa que en 30 letras resume la relación de “amor-odio” que mantienen cuerpo y mente: “psico” de psicológico, “neuro” de sistema nervioso,”endocrino” de sistema hormonal e “inmunología” del sistema de defensas.
Aquí está todo el ser humano. De ahí que esta disciplina explique el hecho de por qué, por ejemplo, un estado de tristeza, melancolía o depresión puede condicionar alteraciones físicas tan importantes como una inmunodepresión, contrayendo infecciones que si las emociones fueran positivas no se hubieran producido, o alteraciones hormonales que hasta dificulten la concepción de un hijo. Y si ciertas circunstancias tienen repercusiones emocionales específicas, fin de año es un momento particular para la sociedad.
Corre tanto para hombres como para mujeres.
Por eso para los médicos no es ninguna sorpresa que para esta época mucha gente se enferme o experimente un recrudecimiento de enfermedades existentes. El estrés produce agotamiento. Primero hay una alarma, una reacción de defensa y después viene el agotamiento psicofísico. El organismo se debilita y aparecen una serie de desórdenes como hipertensión arterial, trastornos digestivos o fatiga muscular. En el consultorio aumenta el trabajo. Se duplica el número de pacientes por consultas clínicas y psiquiátricas.
Para batallar en mejores condiciones contra las exigencias de la temporada de fiestas los especialistas sugieren:
- Aumentar la “dosis” de relaciones afectivas, porque son una malla social de contención.
- Planear las fiestas para reunirse con aquellos con los que se va a sentir bien y, en lo posible, evitar las relaciones no deseadas.
- Aprender a decir que NO sin lastimar a nadie.
- No aceptar aquello que después resulte una carga.
- Si el balance es negativo, reevaluar si las metas y el tiempo eran los adecuados. Y adecuar los nuevos proyectos a conceptos realistas y sustentables.
Todos son consejos provenientes del más puro sentido común. Y si cuesta tanto ponerlos en práctica es porque hay que enfrentar a un núcleo duro.
Las expectativas irreales tienen que ver con las creencias y éstas, que nos manejan la vida, tienen más peso que la razón.
“Por todo eso, para estas Fiestas, razone antes …”
Yo ya lo hice y por eso les muestro la foto del Mejor Regalo de Navidad que tuve en Mi Vida (tal vez demasiado larga hoy):
Ver a mis dos hijos, desayunando juntos, por primera vez, en mi casa. Ese es el mejor regalo que me dieron Dios o La Vida.
Pedirle algo más a Dios sería molestarlo.
Ustedes … ¿Ya hicieron su “balance”?
¿No? Bueno, ingresen a esta página web y escriban lo suyo.