Nacido el 4 de Julio / Born on the Fourth of July

Realmente, muchas cosas que pasan en este momento en mi ciudad, mi provincia y mi país “me sacan” o me quitan las ganas de escribir algo para los de más de 40.000 lectores diarios de mi blog. Pero, ante tantos lectores o suscriptores, me veo moralmente obligado a escribir “algo” que los haga sentir bien y, espero, los estimule a pensar … y no me refiero a la famosa y recaudadora película “Born on the Fourth of July“, que me gustó mucho.

Maradona

Me explico: Ayer me llegó por un amigo, el Prof. Dr. Edgardo Schapachnik, un “Comunicado” por mail de la Obra Social que se encarga de resolver los problemas de salud de los trabajadores rurales y estibadores de la Argentina. Dice así:

OSPRERA y el reconocimiento a los médicos rurales

4 de Julio: Día del Médico Rural

El 4 de julio se rinde homenaje a los Médicos Rurales y la Obra Social del Personal Rural y Estibadores de la República Argentina (OSPRERA) adhiere a la celebración con aquellos profesionales de la Salud que acompañan la intensa y ardua labor que lleva adelante en los parajes más inhóspitos de la Argentina. Médicos que pasan días en ámbitos desolados y fuera del entorno familiar, allí en donde viven los afiliados a OSPRERA; que recorren miles de kilómetros ofreciendo servicios de salud a la familia rural; los Médicos Rurales son parte fundamental de esta obra social.

Con operativos sanitarios de toda índole: odontológicos, en materia cardiovascular, renal, ginecológico, etc.; y de prevención en Chagas, dengue, fiebre amarilla; atendiendo en los móviles de la obra social y ofreciendo charlas en escuelas, en clubes sociales, en casas de familia; OSPRERA llega a cada uno de los afiliados a través de los Médicos Rurales, que trabajan acompañados por el personal de la obra social de todo el país.

El cuatro de julio se festeja el Día del Médico Rural, que se instituyó por Ley 25.448, en homenaje al nacimiento del Dr. Esteban Laureano Maradona, que en 1955, en viaje por tren a Tucumán debió bajar en la estación de Estanislao del Campo para atender a una humilde mujer que se debatía entre la vida y la muerte por un parto cuyo feto, mal ubicado, no podía nacer.

En este Día, la obra social de los hombres y las mujeres del surco que habitan en cada rincón alejado de nuestra Argentina acompaña el homenaje a los profesionales médicos rurales, a quienes en gran parte confiamos la salud de la familia rural.”

Este es el fin del comunicado, un tanto “flojito” o light y con mucho “autobombo” por parte de OSPRERA para mi gusto dada la relevancia de la persona en cuestión.

Realmente, me inquietó y quise saber más sobre el Dr. Esteban Laureano Maradona.

Como corresponde, no encontré nada en la prensa argentina sobre este él en este día, excepto alguno que otro recuadrito perdido.

¿Dónde encontré, entonces, un lindo texto sobre este gran hombre para compartir con mis lectores?

En la BBC de Londres, en esta Editorial que transcribo a continuación, con toda la bronca que me origina que tengan que ser los ingleses quienes nos refresquen la memoria a los argentinos sobre a quiénes se deben rendir honores en nuestro país:

“Esteban Laureano Maradona nació el 4 de julio de 1895, cursó sus estudios superiores en la Universidad de Buenos Aires, donde se graduó de médico con diploma de honor, tras haber sido alumno de grandes maestros de la medicina argentina, como Bernardo Houssay, Pedro de Elizalde, Eliseo Segura, Braun Menéndez, José Arce y Gregorio Aráoz Alfaro, entre otros.

En 1932, la guerra del Petróleo en el Chaco Boreal, lo lleva a Asunción del Paraguay, para alistarse como camillero voluntario en el Hospital Naval de esa ciudad. Al terminar el conflicto ya era Teniente Primero Médico y Director del Hospital Naval de Paraguay.

Durante su gestión donó todos sus salarios a los soldados paraguayos. Fue en medio de la guerra, donde se enamoró de una jovencita de 20 años: Aurora Evalí, sobrina del presidente paraguayo. Vivió en una precaria choza sin luz eléctrica, ni agua de red. Pero la fiebre tifoidea se la arrancó de las manos en los últimos minutos del 31 de diciembre de 1934. No volvió a enamorarse. Tal vez por eso, y una vez terminada la guerra, se va del Paraguay. En viaje de Formosa a Tucumán, tuvo que detenerse en Estanislao del Campo, para atender a una mujer por parir y con riesgo de muerte (en esa época, se llamaba Guaycurri, que no era más que una villa sin luz, agua corriente ni teléfonos). Perdió su tren y allí se quedó, casi para siempre, conviviendo con los indios tobas, wichí y pilagás. Diría, más tarde: “… me lastimó ver a nuestros indios que estaban rastrosos, semisalvajes, bravos, desnutridos, enfermos, agresivos… hasta me han querido matar alguna vez…”.

“Una ranchada”

Su labor se centró, fundamentalmente, en atender la salud de los aborígenes, estudiar sus costumbres, como así también la naturaleza de los ecosistemas chaqueños.

Él mismo lo cuenta: “…en 1935 arribé a Estanislao del Campo… fui el primer médico y actué desechando cargos oficiales… El pueblo era una ranchada…”.

Maradona permaneció 55 años en ese pueblo, ubicado a unos 250 kilómetros al oeste de la ciudad de Formosa. Vivió solo, en una precaria choza de barro de dos ambientes, sin luz eléctrica, ni agua de red. Nunca cobró por sus consultas. Recibía – como recompensa – frutas, panes de mandioca, gallinas o pescado.

Curar y educar

Distribuía gratuitamente las medicinas que recibía, y cedió sus ahorros para construir la Colonia de Leprosos de la Isla del Cerrito (Provincia del Chaco). Se levantaba al amanecer y se acostaba con el crepúsculo, para aprovechar las horas de luz natural. Desprovisto de infraestructura médica (ni siquiera la básica), logró erradicar de ese olvidado rincón del país los flagelos de la lepra, el mal de Chagas, la tuberculosis, el cólera, el paludismo y hasta la sífilis, que él entendía como el mal aportado por la civilización, a la que por eso llamaba “sifilización”.

Su labor humanitaria le valió el reconocimiento de las asociaciones médicas.

Aprendió el idioma de los aborígenes para enseñarles a leer y escribir en castellano, a construir sus casas con ladrillos y a cumplir normas elementales de higiene y profilaxis.

Vivió curando y educando indios con escasos bienes materiales, fundando la primera escuela bilingüe para aborígenes del país en Formosa. Ganó su aprecio y motivó en ellos una verdadera revolución cultural. Durante toda su vida, le decían “Doctorcito Dios”, “Doctor Cataplasma”, “Doctorcito Esteban” o “el médico de los pobres”, sus mejores reconocimientos. También se lo llamó, “El médico de la selva” o “El hombre que perdió el tren” (como tituló un documental sobre su vida el célebre programa ‘Historias de la Argentina Secreta’).

Reconocimiento

Sus últimos años transcurrieron en Rosario, en la casa que le brindó su sobrino nieto – José Ignacio Maradona – junto a sus diez hijos, que cubrieron con su cariño a este venerable, lúcido y memorioso anciano, que seguía practicando una vida ordenada, austera y modesta. Recibió allí numerosos homenajes de instituciones nacionales y extranjeras.

Entre los numerosos premios, medallas, placas y otros reconocimientos merecen destacarse el Premio al Médico Rural que le concedió en 1980 la Asociación Médica Argentina y la Revista Iberoamericana de Infectopatología y el galardón internacional Estrella de Medicina para la Paz, que le otorgó en 1987 la Organización de las Naciones Unidas.

Falleció descansando en su cama, acariciando el siglo de vida, el 14 de enero de 1995, en Rosario.

La BBC me pareció algo incompleta, por lo que busqué en la Wikipedia y escribí “Maradona”. Obviamente, lo primero que aparece es el genial y controvertido jugador de fútbol, pero si se hace click en el Modo Desambiguación, aparece lo que uno busca, que copio y pego a modo de homenaje al Maradona Gigante.

Esteban Laureano Maradona (Esperanza, provincia de Santa Fe 4 de julio de 1895 – Rosario, Argentina 14 de enero de 1995) fue un médico rural, naturalista, escritor y filántropo argentino famoso por su modestia y abnegación, que pasó cincuenta años en una remota localidad de Formosa ejerciendo desinteresadamente la medicina.

Su vida fue un ejemplo de lucha y altruismo. Ayudó a comunidades indígenas en todo aspecto: tanto económico como cultural, humano y social.

Escribió libros científicos de antropología, flora y fauna. Renunció a todo tipo de honorario y premio material viviendo con suma humildad y colaborando con su dinero y tiempo con aquellos que más lo necesitaban a pesar de que pudo haber tenido una cómoda vida ciudadana, gracias a sus estudios y a la clase social a la que pertenecía.

Un par de frases por él dichas sintetizan muy bien su pensamiento sobre su profesión y su manera de vivir:

“Si algún asomo de mérito me asiste en el desempeño de mi profesión, este es bien limitado, yo no he hecho más que cumplir con el clásico juramento hipocrático de hacer el bien a mis semejantes.”

“Muchas veces se ha dicho que vivir en austeridad, humilde y solidariamente, es renunciar a uno mismo. En realidad ello es realizarse íntegramente como hombre en la dimensión magnífica para la cual fue creado.”

Sus primeros años

Nació en 1895 en Esperanza, provincia de Santa Fe, fue hijo de Waldino Maradona (maestro, periodista, productor rural y político) y de Petrona Encarnación Villalba (estanciera). En realidad sus padres vivían en la localidad de Barrancas, también localizada en Santa Fe, donde Esteban Laureano pasó su infancia, a orillas del río Coronda. En este lugar su padre se desempeñaba como maestro en la estancia Los Aromos. Allí aprendió jugando a vivir en el monte, cazar y pescar.

Ya mayor cursó sus estudios primarios y secundarios repartiéndose entre Santa Fe y Buenos Aires. En esta última ciudad se recibió de médico en 1928 e instaló un consultorio, pero luego lo trasladó a Resistencia, en aquel entonces capital del Territorio Nacional del Chaco, donde además se dedicó al periodismo en el diario La Voz y a realizar exploraciones y estudios de botánica en la Isla del Cerrito. Entre 1931 y 1932 dio un ciclo de conferencias sobre seguridad laboral en el marco de la Ley de Trabajo. Esto le trajo problemas con el gobierno militar de aquel entonces, ejercido por el presidente Uriburu, razón por la cual decidió viajar al Paraguay. En ese momento empezaba la Guerra del Chaco (1932-1935), sostenida por Paraguay y Bolivia, y Maradona decidió anotarse como médico camillero prestando auxilio a los soldados de ambos bandos, pues, según sus palabras, el dolor no tiene fronteras. Al llegar a Asunción las autoridades lo metieron preso por sospecharlo de espía, sin embargo con el tiempo le creyeron y llegó a ser jefe del Hospital Naval de Asunción. También redactó el reglamento de Sanidad Militar del Paraguay y tuvo tiempo para ocuparse de la colonia de leprosos de Ytapirú. En Asunción se comprometió con la que fue la única novia que se le conoce, Aurora Ebaly, sobrina del presidente paraguayo, pero ella fallecería de fiebre tifoidea el 31 de diciembre de 1934.

Con la culminación de la guerra en 1935 se decidió a retornar a su país, a pesar de los pedidos del gobierno paraguayo, que con premios y homenajes, intentó convencerlo de que se quedara dado el gran aprecio que se había ganado. Había proyectado ir hasta Formosa y allí tomarse un tren a Salta para luego ir a Tucumán donde visitaría a su hermano, y por último ir a Buenos Aires, donde vivía su madre, e instalar un consultorio.

Su misión en Estanislao del Campo

Viajando ya por lo que en aquel entonces se conocía como Territorio Nacional de Formosa, el tren que lo transportaba realizó una parada en la estación Estanislao del Campo (en aquel entonces denominada Guaycurri). Este era un villorrio formado por unos pocos ranchos sin ningún tipo de servicio de luz, agua corriente, electricidad o gas, inmerso en el monte chaqueño. Una persona del lugar le pidió sus auxilios como médico para una parturienta que se encontraba en estado muy grave. Después de prestarle exitosamente atención y regresar a tomar el tren se encontró con un grupo de vecinos sin recursos que le rogaron para que no se fuera dado que no había ningún médico disponible varios kilómetros a la redonda. Maradona no lo dudó y se quedó, a pesar de que esto le hizo no solo perder su viaje sino también un trabajo seguro en Buenos Aires. Más aún, trabajaría allí por 51 años, viviendo siempre en una humilde vivienda de ladrillo, sin electricidad ni ningún otro tipo de servicio y prestando ayuda sin cobrar un peso a la comunidad indígena del lugar, formada por tobas, matacos, mocovíes y pilagás. Medio siglo después comentaría su arribo a Estanislao con estas palabras:

“Cuando yo llegué empezaron los problemas. Todo esto era monte, sólo había cuatro o cinco ranchos y estaba todo rodeado de indios, que por otra parte me querían matar. Tanto que uno de ellos, que era famoso, me agarró de las solapas y me sacudió, amenazándome. Pero nunca les tuve miedo ni me demostré asustado. Y no por dármelas de valiente. Sino que soy así nomás. Pero con la palabra dulce y la práctica de la medicina, tratando las enfermedades, dándoles tabaco y consiguiéndoles ropas, las cosas fueron cambiando. Así los traté hasta hoy. Me arremangué, me metí en el monte sin ningún temor, arriesgando mi vida y también mi salud.” (Revista Historias de la Argentina secreta, 1986).

En efecto, la comunidad indígena del lugar al principio le tuvo recelo, dado que en general los blancos los habían engañado y maltratado y por lo tanto no confiaban en la medicina del doctor. Sin embargo con el tiempo logró trabar amistad con los caciques del lugar y granjearse el respeto de todos, interiorizándose de sus necesidades y logrando erradicar de la zona terribles enfermedades como la lepra, el mal de Chagas, la tuberculosis, el cólera y la sífilis. Por todo esto, los indios lo llamaban Plognak (que significa “Dr. Dios” en pilagá).

Se dedicó además a investigar científicamente la vida y cultura de los pueblos originarios, así como la fauna y flora de la región. Logró que el gobierno le adjudicara algunas tierras fiscales en las cuales fundó la “Colonia aborigen Juan Bautista Alberdi” (oficializada en 1948), les enseñó trabajos agrícolas y a construir casas con ladrillos confeccionados por ellos mismos, ya que hasta ese momento vivían desnutridos y enfermos sobreviviendo con el intercambio de artesanías por ropa y comida. Colaboró con su dinero en la compra de herramientas y semillas, fundó instituciones para cobijar y recibir indígenas marginados, proyectó un camino hacia el río Teuco, exploró fuentes de agua potable, realizó mejoras en la estación ferroviaria y ayudó a erigir la comisaría del pueblo. Despreció toda forma de poder que sus esfuerzos podrían haberle redituado. Dejó testimonio de todos sus contratiempos, esfuerzos y luchas en su libro A través de la selva. Éste es un estudio antropológico de gran valor sobre la cultura indígena. Realizó también una valiente denuncia de las condiciones de vida de los indígenas y de su explotación en los ingenios azucareros. Con estas críticas logró que en 1936 las autoridades le dieran su apoyo en un programa de promoción humana y social.

Maradona también fundó una escuela rural (en la cual se desempeñó como docente por tres años) que a pedido de él recibió el nombre de uno de sus tatarabuelos, José Ignacio Maradona, quien había sido representante por San Juan ante la Junta Grande (1810 – 1811) y responsable de que en 1811 se sancionara el decreto que extinguía el tributo que pagaban los indios a la Corona de España. Este decreto y otros relacionados con libertades otorgadas a los indios por los gobiernos patrios se mencionan en la obra de Esteban Maradona A través de la Selva, donde se sugiere que aún no han sido puestos en práctica.

Sus últimos años de vida

En 1986 enfermó y debió trasladarse a la ciudad de Rosario, donde vivía su sobrino. Llegó en un estado calamitoso por lo que debió internarse inmediatamente en un hospital. Ya de alta se fue a vivir con la familia de su sobrino de donde no se mudaría más.

En sus últimos años recibiría muchos homenajes y distinciones y no aceptaría ningún tipo de pensión vitalicia. Murió de vejez, a los 99 años, en Rosario, pero sus restos se guardan en la ciudad de Santa Fe en el panteón de su familia Maradona – Villalba.

Un poeta de su ciudad natal, Esperanza, le dedicó en vida unas estrofas que, como reconocimiento popular, recorrieron la región:

“Sea quichua, toba u ona,
La tribu no importa mucho;
La caridad llegó al indio
Por manos de Maradona.”

El 4 de julio, día de su nacimiento, ha sido declarado por ley Día Nacional del Médico Rural.

Algunos de sus libros

Escribió alrededor de 20 libros, muchos aún sin editar. Entre ellos:

a.. A través de la Selva (estudio antropológico donde además relata sus contratiempos en Estanislao del Campo).

b.. Recuerdos Campesinos.

c.. Una planta providencial (El yacón).

d.. Dendrología (cinco volúmenes con representaciones gráficas de las especies).

e.. Animales cuadrúpedos americanos (tres volúmenes con ilustraciones).

f.. Aves (también tres volúmenes con ilustraciones).

g.. La ciudad muerta (historia de los primeros años de la ciudad de Concepción del rio Bermejo).

h.. Historia de los obreros de las Ciencias Naturales (de botánica y zoología americanas)

i.. El problema de la lepra.

j.. Páginas sueltas (periodístico)

k.. Plantas cauchígenas

l.. Vocabulario toba-pilagá

m.. Historia de la ganadería argentina

Distinciones y homenajes

a.. 1941 Orden Nacional del Mérito con el grado de Gran oficial del ejército paraguayo. Siendo otorgado por el Presidente Higinio Morínigo (Paraguay) por su colaboración voluntaria durante la Guerra Paraguayo – Boliviana.

b.. 1953 Diploma Honorífico, Otorgado por el Centro Cultural Paraguayo por su desinteresada labor en la guerra del Chaco Boreal.

c.. 1950 Premio al Médico Rural Iberoamericano (premio otorgado por representantes de organismos oficiales, entidades médicas y laboratorios medicinales). Rechazó el dinero para que fuera donado en becas a jóvenes médicos rurales formoseños.

d.. 1977 Miembro Honorífico de la Sociedad de Médicos Escritores (sede en París).

e.. Premio Florián Paucke de la provincia de Santa Fe.

f.. Premio Estrella de Medicina para la Paz de las Naciones Unidas.(1987)

g.. Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Rosario.

h.. En 1988 y 1993 fue propuesto al Premio Nóbel de la Paz.

i.. Nombrado Ciudadano Ilustre de la ciudad de Rosario.

j.. 1994 Medalla, diploma de honor y placa recordatoria otorgada por el Senado de la Nación Argentina.

k.. 1994 Pensión vitalicia otorgada por el Congreso de la Nación Argentina (ley 24.387, del 22 de noviembre de dicho año).

l.. El 20 de abril de 1996 el Correo Argentino emitió en su homenaje un sello con su retrato con la leyenda “Médico abnegado y generoso”.

m.. Varias calles, escuelas y plazoletas en Formosa, Rosario y en su ciudad natal, Esperanza, llevan su nombre.

n.. La humilde casa en la que vivió en Estanislao del Campo fue declarada monumento histórico por el gobierno de Formosa.

o.. El 27 de junio de 2001, el Congreso de la Nación Argentina sancionó la ley 25.448, instituyendo el 4 de julio como Día Nacional del Médico Rural, conmemorando el natalicio del doctor Esteban Laureano Maradona.

Este sólo intentó ser un humilde homenaje bloguero ante el silencio de la prensa nacional (salvo algunas honrosas excepciones), que está ocupada en otros menesteres. Si bien esos “menesteres” son importantes, también es importante tener memoria y recordar a los grandes hombres que hicieron grande a nuestro país.

Esa es la razón de este post: Recordar con alegría y humildad al Maradona argentino de mayor “calibre” de todos los tiempos, a mi humilde criterio.

Me queda dando vueltas en la cabeza una pregunta:

¿Cuántos “Maradonas” más habrán en nuestro bendito país?

Y yo mismo me respondo: Miles y miles …

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