Cuando escribí el post que titulé ¡Chau, guardapolvo! había dicho que el color blanco siempre estuvo asociado a la pureza, a la limpieza, a la honestidad, etc. y que además del estetoscopio colgado del cuello (buena y elegante manera de tenerlo a mano y para que no nos lo roben), el guardapolvo blanco representa uno de los símbolos más asociados a la profesión médica.
Cuando uno piensa en un médico, automáticamente se presenta en la mente la imagen de un hombre de aspecto respetable, con guardapolvo blanco impecable, corbata elegante y un estetoscopio colgado al cuello.
Desde enero de este año, debido a las nuevas normas impuestas por el Departamento de Salud, en el Reino Unido se prohibieron los guardapolvos blancos de manga larga, las corbatas y todo tipo de “accesorios” que lleven los médicos por abajo del codo, sean un Rolex de oro o acero, pulseras de titanio o anillos de casamiento de oro blanco.
El objetivo de la medida es tratar de reducir las altas tasas de infecciones que se registran en los hospitales británicos por gérmenes mortales que se esconden en los puños de los guardapolvos o accesorios y que atacan desde ahí a los pacientes. Incluso había escrito que el Secretario de Salud, Alan Johnson, por si fuera poco, intimó a los médicos a lavarse las manos con más frecuencia, porque sabe que los dos tercios de los profesionales no se las lavan adecuadamente.
Me preguntaba si los colegas ingleses admitirían que una ropa de calle bien lavada a diario en sus casas tiene menos gérmenes que el guardapolvo que se ponen cuando entran a su Hospital, que podrá estar blanco y planchado, pero seguramente no pasó por el lavarropas en más de 5 días.
Incluso cerré el post con esta frase un tanto jocosa: “Pero … tengan cuidado … ¿se lavaron debajo de las uñas con el cepillo hoy? ¿No? … Se les viene otra Ley …”
Hoy temprano, revisando mi Netvibes, me encuentro con este artículo de alerta de Intramed, tomado de Jano y escrito por Ramón Sánchez Ocaña … “Doctor, ¡quítese el reloj!”, lo que da una idea franca de que el debate sobre la indumentaria médica se está expandiendo por Europa, al menos en España y que no sería descabellado pensar en que en pocos meses más los legisladores argentinos se hagan eco de este tema.
Dice Sánchez Ocaña que el Estafilococo aureus utiliza el reloj de muñeca para trasladarse dentro de un centro sanitario. Hay que tenerlo en cuenta, porque tras estudiar a más de 650 profesionales se pudo comprobar que es precisamente en la pulsera del reloj donde esta bacteria anida y de donde pasa a las manos. La conclusión es obvia: alguna infección hospitalaria puede deberse a la cómoda costumbre de llevar reloj (el estudio se llevó a cabo en la Universidad de Sheffield, en el Reino Unido).
Lo curioso es que este tipo de análisis se realizan con cierta frecuencia. Y casi siempre giran en torno a lo que el personal de enfermería y los médicos utilizan cuando van a trabajar. Por ejemplo, un estudio estadounidense partía de la base de que el 47 % del personal hospitalario que utiliza corbata transporta en ella suficientes bacterias como para propagar y trasladar enfermedades de un sitio a otro. Y se llegó a demostrar que quienes trabajaban en contacto directo con los enfermos tenían unas corbatas 8 veces más infecciosas que los que estaban en cualquier otro lugar del centro sanitario.
Y hay más; porque ante la evidencia, la primera medida sería aconsejar a los médicos que no utilizaran tal prenda. Pero … otra encuesta aconseja lo contrario: llevar corbata hace ir al médico mejor vestido y eso da más confianza al paciente, que “ve entonces un mayor amparo profesional y, sobre todo, una mayor seguridad en la salvaguarda del secreto profesional”.
Pero (siempre hay un pero) … ¿Y quién tiene también responsabilidad en esto?
La culpa recae directamente sobre los pacientes y sus familiares, según todas las investigaciones. Todavía se mandan flores a un hospital o sanatorio y hasta los mismos médicos no somos conscientes, por ejemplo, de que en una cucharada de agua de un florero hay 20 millones de bacterias. En una jarra con un ramo de flores dentro de un hospital español se han encontrado pseudomonas, aeromonas, serratias y toda una serie llamativa de otras bacterias. Basta decir que los gérmenes del agua de otro florero fueron resistentes a la gentamicina. Por lo mismo, a los pacientes más susceptibles de infección se les eliminan las verduras crudas de la dieta, especialmente el tomate, el rábano y el apio.
Los celulares ya han eliminado prácticamente el teléfono fijo, fuente abundante de infecciones. Hay que pensar siempre que ese teléfono puede haber sido utilizado antes por gente cuya condición infectológica se desconoce. Y el teléfono no se puede desinfectar como otros elementos. ¿Y la toalla? Cada uno de los que está con el enfermo la utiliza entre 4 y 6 veces al día. Y no en todos los sitios hay una toalla para cada persona. Y allí queda, al secarse, todo un archivo de moderna bacteriología. Afortunadamente, tenemos las toallas de papel descartable, pero no en todos los centros se las repone adecuadamente.
Mi amigo Edgardo Schapachnik hizo un comentario en mi post anterior, contándome que los resultados de los cultivos de los manguitos de tensiómetros en el Hospital Argerich habían revelado resultados alarmantes en cuanto a su potencial infeccioso.
Sánchez Ocaña cierra así su post: “Así que ahora, cuando el médico le pregunte la hora, ya sabe que tiene menos posibilidades de infectarse por el estafilococo.”
No cuesta mucho imaginarse la cantidad de gérmenes que deben estar en este mismo teclado de PC, pero no lo pienso pasar por una autoclave.
Yo, por lo pronto, hasta que las normatizaciones infectológicas sean internacionales y obligatorias, seguiré atendiendo mi consultorio vestido de civil y lavándome las manos antes y después de tocar un paciente. Creo no exagerar si digo que con eso ya es bastante, especialmente porque muchos pacientes vienen sin bañarse y me pueden infectar a mí.
Junio 24, 2008 a las 5:24 am |
Muy bueno el post.
Supongo que los extremos son todos exagerados, y el sentido común sería lo mas aconsejable, pero el sentido común no es el más común de los sentidos.
Pero todo da que pensar y a veces la realidad supera la fantasía. Mi ex marido, a quien operaron hace 20 dias por un tumor de colon, casi se muere de una septicemia.
Por suerte logró vivir. En esos casos uno puede ponerse exagerado.
Saludos.
Ana
Junio 24, 2008 a las 10:15 am |
Exacto, Ana !!! Esa es la visión “del otro lado del mostrador” que hace falta. Gracias por tu aporte.