Chagas: Sociedad y Ocultamiento Político

marzo 3, 2014

 

 

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Entre la sexta y última década del siglo XX la endemia por T. cruzi fue asumida por numerosos contingentes de militantes políticos y sociales, entre los que me incluyo, como una cuestión emblemática en las denuncias a las clases dominantes, por el abandono cruel en que colocaban a los desposeídos.

La democratización del diagnóstico serológico, a la que el grupo empresario que conduce el Prof. Dr. Jorge F. Yanovsky contribuyó de manera decisiva y masiva desde fines de la década del ’70, permitió demostrar la existencia de millones de infectados. Esta abrumadora evidencia, por el carácter silencioso de la parasitosis y la ausencia de demanda espontánea de atención, no promovió el quehacer médico-clínico como ocurre en la mayor parte de las patologías. Esto condujo a que se encumbrara el protagonismo de los sanitaristas. En esas condiciones, los reconocidos como parasitados, más que sujetos merecedores de una responsable y esmerada dedicación a su persona fueron tomados, genéricamente, como una expresión de los dramas sociales de la pobreza.

Las crecientes conquistas sociales en el último medio siglo, entre otras las del cuidado de la salud popular, sumado al avance en los conocimientos clínico-médicos en general y los cardiológicos en particular, llevaron a evidenciar, especialmente en relación al daño cardíaco a una enorme legión de infectados que estaban deteriorándose. Se puso, desde la cardiología, sobre el tapete, aún cuando con limitada sistematicidad por ser pocos los grupos médicos enrolados en la cuestión, la evolutividad maligna de la enfermedad. Sumado a esto último se hizo evidente la carencia de suficientes conocimientos biológicos y en particular clínicos que permitieran anticipar, para concentrar la atención, a quienes de los afectados le tocaría en suerte un derrotero de riesgo agravado.

A comienzos del siglo XXI ya era notorio que la demanda de atención médica entre los parasitados iba a ser inexorable e insoslayablemente creciente. Los afectados comenzaron a organizarse en Asociaciones y Federaciones, mientras que muchos de ellos se instalaron como migrantes en países con un significativo desarrollo médico y mejor organizados en términos de responsabilidad social médica. Así lograban concentrar la atención de consistentes grupos de profesionales de la salud. Esto, debemos destacar, ha sido específicamente el caso de España y comienza a ser, aunque mucho más lentamente el caso de Estados Unidos. El volumen de aportes clínicos que ha venido haciendo la medicina española en los últimos cinco años deben considerarse valiosos.

Son muchas las novedades bibliográficas que están anunciando que todo tenderá a un acrecentamiento fenomenal de las demandas médicas en cuestiones concretas derivadas de la patología. El reclamo, por otra parte, estará cada vez más y mejor organizado.

La cantidad de individuos infectados que evolucionaron hacia expresiones clínico-cardiológicas anormales es significativamente mayor a los que como cifra oficiosa se viene repitiendo mecánicamente como un dogma: “SOLO UN 30% TENDRA PROBLEMAS”.

Existen abundantes estudios, entre ellos los más citados, o la reciente recapitulación de estrategias terapéuticas de Rodrígues Coura, que ubican la evolución con daño orgánico por encima del 50% de los infectados.

Se han encendido luces rojas entre los responsables del sanitarismo global. La propia Organización Mundial de la Salud busca quitarle peso a la a la gravedad médica de la endemia disminuyendo de manera, hasta inadmisible, el número de infectados. En efecto, esta institución rectora, en sus documentos de los ´90 comunicaba la existencia de 20.000.000 de infectados y en los más recientemente difundidos que los afectados serían tan solo 7.500.000.

Como ya dije con anterioridad, aún en el supuesto que no hubiera existido ni un solo caso nuevo, en los últimos 20 años habrían desaparecido de las estadísticas 13.000.000 de infectados con 600.000 muertos por año. Esto implicaría una tasa de mortalidad anual, para los infectados, varias veces superior a la admitida por esa misma organización.

Son de recordar las publicaciones que enfatizan que más del 70% de los chagásicos que fallecen lo hacen antes de los 50 años de edad. Es muy probable entonces que la significativa reducción del número de parasitados, el 62% de los que vivían en 1990, se haya instalado a una tasa del 3% anual. Esta también es varias veces superior a la mortalidad anual para la población general de América Latina.

En el futuro próximo cada afectado conciente, requerirá que la medicina cardiológica se ocupe de él con los mismos recursos que hoy aplica al seguimiento clínico esmerado de LOS SECTORES PUDIENTES. Estos, a diferencia de los infectados con T. cruzi padecen el riesgo de ver disminuido su flujo coronario por factores en gran medida vinculados a una vida acomodada y desordenada.

Frente a la avalancha de la nueva realidad, se van dividiendo las posiciones. Se están estructurando tres tendencias estratégicas:

Una: La de la Sociedad Brasilera de Cardiología que, empujada por algunos tradicionales chagólogos, a la vez militantes políticos y sociales, se ha pronunciado por rebajar la preocupación por la malignidad evolutiva de la enfermedad. Para establecer tal derrotero aguarda, mediante revisiones clínicas anuales, la instalación de ECG patológicos.

Algunos de los firmantes del mencionado documento comienzan a insinuar (Es el caso citado de Coura) la necesidad, “por las dudas”, de tratar con drogas parasiticidas a casi todos los infectados, especialmente a los que padecen la “forma indeterminada”.

A la iniciativa de la Sociedad Brasilera de Cardiología se ha acoplado, en nuestro país, el Instituto de Investigaciones Cardiológicas de la UBA, conducido por el Prof. Dr. J. Milei. Es llamativo el cambio de orientación habido en este grupo: “No hay que gastar en el chagásico”.

Una segunda corriente que pretende aparecer como “políticamente correcta” es la de los sanitaristas. Estos, siendo funcionales a los del grupo anterior, amén de dedicarse a procurar terminar con los casos nuevos, que admiten están ¿en 50.000 anuales? han comenzado a exponer enfáticamente una solución esperanzadora con terapéuticas parasiticidas masivas. Los sanitaristas presuponen, como lo vienen mostrando en los números, que la endemia se agotará en corto plazo. Están aguardando “la muerte joven de los afectados”, mientras se esperanzan que con el anuncio del control de casos nuevos y ampliando a mayores grupos etáreos la aplicación recomendada de las drogas parasiticidas, le quitarán presión a la demanda en crecimiento.

Una tercera tendencia: Promovida por la Federación Argentina de Cardiología y el Consenso Internacional, a la que adhiero sin limitaciones como médico y también como militante social y político. Esta tendencia instala el paradigma de vigilancia clínico cardiológica activa sobre la evolutividad de la enfermedad. Ello significa, desde la detección de la infección, aplicar todos los recursos diagnósticos clínicos y terapéuticos que permitan con mucha precocidad intentar torcer el rumbo maligno.

En lo esencial lo que están confrontando las tres tendencias, en la práctica tan solo dos, es cuánto recurso de la torta de la salud y de qué forma debe destinarse a los afectados por el T. cruzi. Están los grupos 1 y 2 que proponen hacerlo desde iniciativas pensadas y definidas por expertos. Este es un abordaje universal que se sintetiza en insecticidas más fármacos milagrosos para una cura parasitológica que da por solucionado el devenir. Por otro lado estamos los que sostenemos que la atención del parasitado debe fundarse en una convicción que es: La infección por sí sola constituye una situación de riesgo. Una vez instalada su magnitud no es inferior de otras situaciones como por ejemplo la del síndrome metabólico. Por otra parte, el efecto clínico evolutivo de una presunta cura parasitológica no termina de evidenciarse. En esa orientación sostenemos que por lo menos en estos tipos de evolutividades (sea tripanosomiasis o síndrome metabólico entre otros) debe ponerse el mismo esfuerzo clínico-diagnóstico y terapéutico para abortar una malignización evolutiva. En el caso de la tripanosomiasis, aún incluyendo entre otras, terapéuticas parasiticidas, debe afianzarse más que el control evolutivo del parasitismo, el control de los marcadores clínicos precoces. En particular alteraciones incipientes en el funcionalismo cardíaco.

En otro orden el modelo Argentino de Seguridad Social con cobertura médica organizada y administrada por los propios trabajadores debería ser el sistema a consolidar para encauzar la vigilancia médica activa de la tripanosomiasis. Este objetivo incluye afianzar las acciones que privilegian una medicina para mayorías. La enfermedad provocada por la parasitosis es uno de los mayores desafíos científico-clínico que enfrenta la cardiología. Esto es así, principalmente, a medida que crece la evidencia (como analizaremos mas adelante) del compromiso coronario microcirculatorio, en tanto es una parte insoslayable de los mecanismos que por alteración del flujo empujan a una evolución patológica.

En el sistema de Obras Sociales nacionales y provinciales se encuentran afiliados 24.000.000 de individuos entre trabajadores y familiares. Entre estos habría por las prevalencias conocidas no menos de 500.000 aportantes directos de un salario anual para la seguridad social. Esto representa hoy una cifra del orden de los U$S 2.500.000.000 (dos mil quinientos millones de dólares) y muy bien unos 550.000.000 (quinientos cincuenta millones) de dólares por año se podría destinar a realizar el más esmerado acompañamiento clínico-cardiológico que permita el estado actual del conocimiento. La enfermedad cardíaca puede que se instale muy precozmente. Ciertamente, como ya he descripto, los infectados que mueren lo hacen mayoritariamente con menos de 50 años de vida.

Es una verdad de a puños, que el sistema de seguridad social no da cobertura a una significativa cantidad de trabajadores infectados que trabajan en “NEGRO”. Propongámonos instalar una gran acción militante por el blanqueo de las relaciones laborales y dar de esta forma cobertura médico social a todo el que trabaja. Esta es una iniciativa en la que los trabajadores de la salud deberíamos encolumnarnos convergentemente y caminar hombro con hombro con todos los demás trabajadores que constituyen el movimiento obrero organizado.

Esa actitud de todos sí sería una actitud de “Peronismo en serio” y no los mamarrachos que leemos a diario y nos inducen el vómito.

 


“¿ Me llevan a Terapia Intensiva ?”

julio 9, 2013

Para reflexionar sobre el título de este escrito (arbitrariamente redactado para llamar su atención), quisiera introducirlos al tema con un viejo chiste muy conocido: un bromista desliza el comentario “A Fulanito le dicen Terapia Intensiva” y, cuando se le pregunta porqué, responde “Porque ni los parientes lo pueden ver”.

Esta risueña chanza popular que refleja la potencialidad de la anti-inteligencia (también llamada “viveza criolla”) nos da pie para comentar que estamos viviendo cambios profundos en la manera en que se trata a los enfermos internados en las conocidas Unidades de Terapia Intensiva (UTI), Unidades de Cuidados Intensivos Coronarios (UCIC) y otras áreas “críticas” o “cerradas”.

El común denominador de dichas dependencias sanatoriales u hospitalarias es que el enfermo internado está en riesgo de vida aumentado o se teme que pueda estarlo, por lo que ingresa allí por precaución ante esta segunda posibilidad. Esos sectores, convenientemente equipados con recursos humanos, materiales y tecnológicos, concentran todo lo necesario para hacer frente en forma inmediata a los eventos que pudieran presentarse y que pongan en riesgo la vida de un enfermo.

Tradicionalmente, salvo excepciones, el paciente internado en una unidad de cuidados intensivos está solo en su cama, separado por biombos o paneles de sus compañeros de infortunio, conectado a múltiples dispositivos de monitoreo, “sueros” y sondas o mascarillas o “bigoteras” de oxígeno, asistido por médicos, enfermeros, técnicos, mucamas y demás, pero sobre todo … “el enfermo está solo y espera”. Espera ansioso el momento de estar con sus seres queridos en el conocido “Horario de Visitas”.

Si bien el Horario de Visitas tiene por objeto la seguridad de los pacientes al permitir mantener acotado el ingreso de personas no relacionadas con el cuidado del mismo, algunos centros han comenzado a modificar estos conceptos un tanto rígidos. Estos cambios se van insinuando de a poco, como permitir la presencia de un familiar muy cercano al lado de un paciente anciano desorientado y excitado en vez de administrarle sedantes, etc.

Estos cambios, muy latinos en su esencia (los latinos somos muy demostrativos de nuestros afectos) parecen haber sido entendidos hasta cierto punto por los “fríos” norteamericanos, al punto tal de haberse publicado en la revista médica de cuidados intensivos más prestigiosa del mundo, Critical Care Medicine, las “Guías de Soporte Familiar en Unidades de Cuidados Intensivos Centradas en el Paciente”.

¿Qué quiere decir esto? En primer lugar, que vamos a ver progresivamente un cambio de roles en las series de televisión o películas que tratan temas médicos. Ese será el ariete mediante el cual estas nuevas Guías se abran paso en la opinión pública, fortaleciendo su aceptación y aplicación o desencadenándolas, de la misma forma en que se hizo con la vestimenta informal para los médicos. En otros términos: de tanto ver algo se termina aceptándolo como normal.

El American College of Critical Care Medicine (ACCM) ha elaborado estas Guías para tratar pacientes adultos, pediátricos y recién nacidos en Unidades de Cuidados Críticos bajo la siguiente premisa:

“LOS MEDICOS CON LOS PACIENTES Y SUS FAMILIAS”

Estos cambios comenzaron en 2001 (ya pasaron 12 años y todavía hay “resistencia al cambio”), cuando se aconsejó que los servicios de cuidados intensivos dejen de centrar su manejo de los pacientes en la clínica o enfermedad y se centren en el paciente (en el ser humano), compartiendo las decisiones respecto a su cuidado y tratamiento con él, respetando sus elecciones, sentimientos y creencias. Ahora, las recomendaciones se han ampliado, incluyendo a la familia del paciente, asumiendo que esto va a influir positivamente en forma notoria en la evolución y bienestar de todos: pacientes, médicos y familias.

Veamos algunos puntos de estas 43 recomendaciones:

Los pacientes y sus familias deben estar permanentemente informados y activamente comprometidos en la toma de decisiones médicas y en su cuidado. Esta actitud disminuye el stress y la angustia, tanto del paciente y sus familiares como del médico. Pese a los intentos de los médicos, las familias se sienten frecuentemente no informadas y no participantes en la toma de decisiones del “día a día” del cuidado de sus seres queridos. Para el modelo de atención centrado en el paciente, las familias deben participar activamente con los profesionales. Se deben efectuar reuniones o entrevistas con la familia lo antes posible y la mayor cantidad de veces que se pueda para reducir el stress familiar y mejorar la comunicación, tanto en su consistencia como en la sensibilidad cultural, usando términos que la familia pueda entender. La mejoría en la comunicación permitirá incluso el uso de tratamientos complejos. Se debe debatir en términos adecuados a su cultura para hablar en términos de realidad, de modo tal que todo consentimiento o rechazo a un tratamiento sea consecuencia de una decisión tomada con cabal conocimiento y comprensión de lo que ello implica. La presencia de familiares en una “recorrida” o revista de sala e incluso durante una resucitación puede ayudar a las familias a sobrellevar la muerte de un ser querido. Se deben permitir visitas abiertas y flexibles, para lograr el bienestar del paciente. Los carteles con indicaciones de lugares de tránsito deben ser amigables y comprensibles. Las salas de espera deben estar cerca de donde están los pacientes y deben permitir la espera cómoda y entretenida de las familias. El ambiente para las familias debe respetar la privacidad y mejorar el soporte social con habitaciones de una sola cama, luz natural y acceso a la naturaleza. Las familias deben recibir educación o instrucciones claras y comprensibles antes de visitar al enfermo. Las mascotas adecuadamente inmunizadas pueden ser llevadas a cuidados intensivos, e incluso pueden comenzar a desarrollarse estrategias de terapia asistida por animales.

El cuidado del paciente debe estar coordinado e integrado por un grupo interdisciplinario de profesionales. Se debe educar y asistir a los médicos para reducir los efectos de las interacciones con la familia en su propia salud. El soporte familiar ante la muerte debe ser anterior, durante y posterior a la misma. El incluir y comprometer a la familia como parte integrante del equipo multidisciplinario de cuidados intensivos es esencial para una pronta recuperación de la salud o para optimizar el proceso de muerte de los paciente críticamente enfermos; el soporte psicológico y la salud espiritual de la familia es un componente esencial del modelo asistencial centrado en el paciente. El personal debe ser entrenado en reconocer y satisfacer las necesidades de las familias ante el stress y las familias deben ser alentadas a participar activamente en el cuidado directo de los pacientes en la medida de lo posible, brindándoles amplia información de cómo hacerlo.

El sistema de salud debe proveer confort físico y soporte emocional para el paciente y los miembros de su familia. Brindar o ayudar a brindar soporte espiritual, animando y respetando la religión, el culto o las tradiciones culturales, ayuda al paciente y a sus familiares a luchar contra la enfermedad y la muerte. Más allá del consejo espiritual propio del ministro de la religión que sea que habitualmente concurre al servicio, se debe preguntar y facilitar la satisfacción de las tradiciones espirituales y necesidades culturales del paciente y sus familias.

Los integrantes del equipo de salud deben tener una clara comprensión de los conceptos del paciente sobre la enfermedad y de sus creencias o cultura. El stress del personal debe combatirse mediante una información compartida sobre los objetivos del tratamiento, de modo tal que los mensajes a las familias y pacientes sean consistentes y unificados, sin lugar a interpretaciones erróneas, lo que a su vez alivia la angustia del personal ante las quejas, agravios o agresiones que puedan recibir aunque una “buena muerte” ocurra. Cuando sea posible, el personal debe interiorizarse de la cultura del paciente y su familia, con énfasis en lograr un lenguaje apropiado a sus normas culturales y respeto a las decisiones del paciente, lo que puede lograse mediante frecuente comunicación entre el personal y los familiares. El soporte espiritual y religioso debe estar orientado a las necesidades del paciente y la familia en forma regular, permitiendo la participación de ministros y trabajadores sociales junto al personal. Si un paciente pide rezar con un ministro de su culto para confortarse, debe permitírselo.

Los integrantes del equipo de salud deben comprender y aplicar los tratamientos apropiados para los diversos pacientes. Los pacientes internados en Cuidados Intensivos que estén impedidos de comunicarse con los médicos o de participar en las decisiones sobre su propio cuidado hacen obligatorio que esa responsabilidad recaiga sobre otros, generalmente sus familiares inmediatos, que pasan a tomar esas decisiones por él. Puede permitirse a las familias asistir a las “recorridas de sala” o revistas y hacer preguntas relevantes sobre el cuidado del paciente. Debe estructurarse el proceso de apoyo psicológico para los familiares que hayan presenciado un proceso de resucitación. En algunos casos, puede permitirse la presencia de familiares durante una resucitación, lo que los ayudará a elaborar la muerte de su ser querido. Debe evaluarse la compresión de la familia del pronóstico y del plan de tratamiento y se la debe educar sobre síntomas o signos de inminencia de muerte de una manera culturalmente apropiada. El acompañamiento y seguimiento luego de una pérdida deben estar disponibles luego de la muerte de un paciente. El entrenamiento en cuidados paliativos debe formar parte del programa de la educación en cuidados críticos.

En resumen: en el tratamiento de un enfermo internado en cuidados intensivos existen nuevas reglas que modifican las tradiciones en el proceso de toma de decisiones, la contención de la angustia familiar y el stress de los médicos, el soporte cultural, espiritual y religioso, las visitas familiares y el entorno de cuidado, la presencia de la familia en discusiones, resucitaciones y cuidados paliativos.

Cada día, los requerimientos de los pacientes y sus familias son mayores para los miembros de los equipos de salud. Ahora, como puede apreciarse, muchos de esos requerimientos (especialmente los vinculados a las cuestiones afectivas) comienzan a satisfacerse. Se verá ahora si los pacientes y sus familias desean y pueden ejercer sus nuevos roles, que implican los beneficios solicitados pero también les significan nuevas responsabilidades no fáciles de ejercer.

Y aquí les dejo una nueva inquietud: ¿ Cómo hacemos con el que salió o “zafó” ? Cómo lo preparamos a él y su familia para “volver a casa”, sea para una rehabilitación completa, parcial o para “esperar el momento” ?

El “regreso a casa”, para lo que sea. Tal vez una tarea muy difícil, pero no imposible.

No tengo esas respuestas, pero trato de construirlas o encontrarlas.

Finalmente, recuerdo las últimas palabras públicas de uno de mis Maestros, el Dr. René Favaloro: “La Medicina, sin humanismo, no merece ser ejercida”.

Les dejo las ideas. De todos depende que algo cambie.

Fácil de decir y difícil de hacer. Pero debe ser hecho.


Me gusta.

junio 27, 2013

Me gusta tener un blog gratuito en WordPress sin que me exijan aceptar publicidad en el mismo. Todo está cambiando. Ya nadie que puede leer esto es tonto. Todo es cuestión de tiempo.


Recomendado:

junio 27, 2013

http://resistenciacronica.blogspot.com.ar/

Lo escribe un periodista joven, pero desde muchos puntos de interpretación o lectura, que lo hacen imprescindible a la hora de querer PENSAR.

 


Graciela y el Chagas

noviembre 18, 2012

Todo parecía ir bien en una tarde apacible de consultorio. Nos despedimos con el paciente previo, cierro la puerta y vuelvo a revisar el prolijo listado de pacientes que mi secretaria prepara cuidadosamente para el día, desde un par de semanas antes.

Como no llamo a los pacientes por su apellido, abro la puerta y digo: “Graciela?”

Así se para de su silla y viene a mi encuentro una dama distinguida. Me llamó la atención porque era casi tan alta como yo. Una de esas “gringas” descendientes de alemanes que son moneda corriente de ver en el Chaco.

Nos sentamos y le pregunto qué la traía por mi consultorio.

- Mire Doctor, soy maestra de primaria. Hace un par de semanas vinieron a la escuela para sacarles sangre a los chicos para ver si tenían Chagas. Es obvio que iban a tener miedo de las agujas y jeringas, así que yo pedí que me saquen a mí primero para que vieran que no me dolía. Después todo mi grado se dejó sacar sin problemas. El tema es que me pasan el resultado a la semana y la que tiene Chagas soy yo. Me hice todos los estudios cardiológicos del Programa y se los traigo para que los mire.

Me pone un sobre de plástico, cuidadosamente ordenado, arriba del escritorio. Miro uno por uno, desde la serología simple inicial hasta una de confirmación cuádruple solicitada por otro colega cardiólogo, la placa de tórax, el electrocardiograma, el ecocardiograma doppler color y el Holter. Me quedo pensando y ella se impacienta.

- Qué tengo, Doctor ?

- Espere un poco … (abro la netbook y la conecto a la Base de Datos) … Mire, lo que yo veo acá no está mal, a todos sus datos y estudios ya los tengo. No tiene signos precoces de enfermedad cardíaca ni digestiva. Usted tiene 49 años, pero nació en Machagai. Alguna vez vivió en el campo ?

- Me crié en el campo, hasta que mis padres me mandaron a estudiar para maestra. Hace 20 años que vivo y trabajo en Resistencia.

- Alguna vez donó sangre ?

- Varias veces, pero nunca me dijeron nada de que tenía Chagas.

- No importa, a partir de ahora no debería donar más. Tiene hijos?

- Una nena de 13.

- Y le dijeron que ella también se tenía que hacer los análisis?

- No, nadie me preguntó ni me dijo nada.

- Deme un minuto (manoteo el celular y llamo a una bioquímica): “Dra. Fulana, le puedo mandar mañana a una nena de 13 con su mamá para que le haga las 3 o 4 pruebas serológicas para Chagas?” … Listo, lleve a su nena mañana a cualquiera de estos laboratorios. Yo la tengo informada, tengo su celular en esta Base de Datos. Yo la llamo.

- Tiene mi celular?

- Por supuesto, mire (le doy vuelta la pantalla para que vea).

- Y cuándo voy a saber?

- Mañana la llamo a la tarde.

A la tarde siguiente, entro a la Base de Datos Bioquímicos y miro los resultados de la nena. Todos negativos. La llamo a la mamá.

- La llamo para comunicarle que Deborita no tiene Chagas y que Usted tiene que venir a control en 12 meses. Si no viene, la vamos a llamar para recordárselo.

- Pero … Doctor, cómo le pago todo esto?

- A mí nada. Usted no tiene la culpa de que el Estado no se haya ocupado de que no tenga Chagas. Ahora es nuestro turno cuidarla, para que pueda disfrutar a su hija y a los nietos que tengan que venir. Tal vez yo no esté físicamente por mi edad, pero quédese tranquila que habrá alguien superior a mí, lo que no es difícil, en este lugar para controlarla y aconsejarla. Usted quédese tranquila, vamos a estar acá.


¡Felices Fiestas!

diciembre 25, 2011

Hace cinco años, escribí algo sobre este tema. Hoy les copio y pego a mis lectores el texto original (para que no tengan que hacer un click de más) y les paso una imagen muy ilustrativa de lo que (a mi criterio) deben ser las imágenes de las Fiestas.

“El estrés que generan las Fiestas de Fin de Año.”

Los “balances” personales que suelen elaborarse para estas épocas pueden ser dañinos.

Hay que hacer sólo lo que se pueda, ser realistas y evitar las relaciones y situaciones conflictivas.

“¡Otra vez las fiestas!, De lo que me propuse no hice ni el 50 por ciento, estoy agotado, necesito vacaciones”.

¿Quién no se reconoce en estas frases simples que, sin embargo, dan cuenta de una relación tan compleja como la que mantienen el cuerpo y la mente ?

Y son la exteriorización de una certeza médica: las fiestas y el ciclo de 365 días que se cierra, potenciándose entre sí, convierten a esta época en el momento más estresante del año para la mayoría de la gente.

El trajín de Navidad y Año Nuevo, desde la organización de la cena, la puesta a punto de la casa y la compra de regalos -todo con los chicos en casa porque terminaron las clases-, hasta su carga emocional por los seres queridos que no están, y las molestias que incluyen a los familiares “conflictivos” (con los que hay que reunirse a “festejar”), son parte del paquete de exigencias disparadoras del estrés.

¿Qué más? Fechas límites en el trabajo, en los estudios y el clásico balance existencial que suele venir con saldo negativo.

Y además, hay que ser felices y “pasarla bien”, porque por algo se llaman “Fiestas”.

Las abordamos con expectativas muy altas, ligadas al sistema de creencias que tenemos de cómo serían las fiestas ideales. En general, lo ideal se liga a que sea familiar, al reencuentro, a expresar sentimientos de solidaridad y perdón y esto no suele darse, más aún, se producen desencuentros.

Otro factor es que ésta es, en las empresas como en la vida, la hora del balance. Y ahí nos encontramos con las expectativas que pusimos en el año y que no se pudieron cumplir. Quizá porque las metas eran difíciles o porque necesitábamos más tiempo para concretarlas.

“Otro año más no cumplí lo que me propuse”, suele ser el lamento común.

Emociones, estrés y salud. Hoy se sabe que tienen un nexo estrecho que la medicina estudia desde el campo joven de la psiconeuroendocrinoinmunología. Una palabra inmensa que en 30 letras resume la relación de “amor-odio” que mantienen cuerpo y mente: “psico” de psicológico, “neuro” de sistema nervioso,”endocrino” de sistema hormonal e “inmunología” del sistema de defensas.

Aquí está todo el ser humano. De ahí que esta disciplina explique el hecho de por qué, por ejemplo, un estado de tristeza, melancolía o depresión puede condicionar alteraciones físicas tan importantes como una inmunodepresión, contrayendo infecciones que si las emociones fueran positivas no se hubieran producido, o alteraciones hormonales que hasta dificulten la concepción de un hijo. Y si ciertas circunstancias tienen repercusiones emocionales específicas, fin de año es un momento particular para la sociedad.

Corre tanto para hombres como para mujeres.

Por eso para los médicos no es ninguna sorpresa que para esta época mucha gente se enferme o experimente un recrudecimiento de enfermedades existentes. El estrés produce agotamiento. Primero hay una alarma, una reacción de defensa y después viene el agotamiento psicofísico. El organismo se debilita y aparecen una serie de desórdenes como hipertensión arterial, trastornos digestivos o fatiga muscular. En el consultorio aumenta el trabajo. Se duplica el número de pacientes por consultas clínicas y psiquiátricas.

Para batallar en mejores condiciones contra las exigencias de la temporada de fiestas los especialistas sugieren:

- Aumentar la “dosis” de relaciones afectivas, porque son una malla social de contención.

- Planear las fiestas para reunirse con aquellos con los que se va a sentir bien y, en lo posible, evitar las relaciones no deseadas.

- Aprender a decir que NO sin lastimar a nadie.

- No aceptar aquello que después resulte una carga.

- Si el balance es negativo, reevaluar si las metas y el tiempo eran los adecuados. Y adecuar los nuevos proyectos a conceptos realistas y sustentables.

Todos son consejos provenientes del más puro sentido común. Y si cuesta tanto ponerlos en práctica es porque hay que enfrentar a un núcleo duro.

Las expectativas irreales tienen que ver con las creencias y éstas, que nos manejan la vida, tienen más peso que la razón.

“Por todo eso, para estas Fiestas, razone antes …”

Yo ya lo hice y por eso les muestro la foto del Mejor Regalo de Navidad que tuve en Mi Vida (tal vez demasiado larga hoy):

Ver a mis dos hijos, desayunando juntos, por primera vez, en mi casa. Ese es el mejor regalo que me dieron Dios o La Vida.

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Pedirle algo más a Dios sería molestarlo.

Ustedes … ¿Ya hicieron su “balance”?

¿No? Bueno, ingresen a esta página web y escriban lo suyo.


Chagas: ¿Olvidada por la OMS?

septiembre 2, 2010

Uno puede preguntarse el porqué de este título. He titulado así porque la Organización Mundial de la Salud (OMS o WHO) viene imponiendo en todo el mundo a la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) como herramienta que permite estandarizar los diagnósticos con fines estadísticos, utilizable asimismo con fines administrativos y contables por los sistemas de asistencia médica (obras sociales, mutuales, prepagas, seguros, etc.).

La versión actualmente vigente en todo el mundo es la llamada CIE-10.

Ahora bien, ¿qué es esto? La lista CIE-10 tiene su origen en la «Lista de causas de muerte», cuya primera edición editó el Instituto Internacional de Estadística en 1893. La OMS se hizo cargo de la misma en 1948, en la sexta edición, la primera en incluir también causas de morbilidad. A la fecha, la lista en vigor es ésta y la OMS sigue trabajando en ella.

La CIE-10 se desarrolló en 1992 y su propósito fue rastrear estadísticas de mortalidad. La OMS publica actualizaciones menores anuales y actualizaciones mayores cada tres años, pudiendo consultarse en Internet como CIE-10 On Line.

Ahora bien, cuando uno es médico y trabaja en América Latina, especialmente en zonas de alta prevalencia de Enfermedad de Chagas como la Argentina (con aproximadamente 2 millones y medio de habitantes infectados) y específicamente en provincias como el Chaco (con aproximadamente un mínimo de 200.000 infectados sobre su millón de habitantes), resulta ética y legalmente obligatorio sospechar que al menos 1 de cada 5 pacientes (o 1 de cada 2, depende de la localidad en que trabaje) que entran al consultorio puede estar infectado por el Chagas y no saberlo. Esta atención médica actualmente debe ser registrada y codificada por el CIE-10, independientemente del Motivo de la Consulta.

Pero el mismo CIE-10 no tiene un código de “Sospecha de Chagas en persona residente en Area de Alta Endemicidad”. Sólo existen los siguientes códigos:

B57
Chagas’ disease

Includes:
American trypanosomiasis
infection due to Trypanosoma cruzi

B57.0+
Acute Chagas’ disease with heart involvement ( I41.2* , I98.1* )

Acute Chagas’ disease with:
· cardiovascular involvement NEC ( I98.1* )
· myocarditis ( I41.2* )

B57.1
Acute Chagas’ disease without heart involvement

Acute Chagas’ disease NOS

B57.2
Chagas’ disease (chronic) with heart involvement

American trypanosomiasis NOS
Chagas’ disease (chronic) (with):
· NOS
· cardiovascular involvement NEC+ ( I98.1* )
· myocarditis+ ( I41.2* )
Trypanosomiasis NOS, in places where Chagas’ disease is prevalent

B57.3
Chagas’ disease (chronic) with digestive system involvement

B57.4
Chagas’ disease (chronic) with nervous system involvement

B57.5
Chagas’ disease (chronic) with other organ involvement

O sea, la OMS sólo tiene en cuenta el diagnóstico CONFIRMADO y no la SOSPECHA que justifica el examen serológico y clínico detallado.

Por lo tanto, considero que la OMS debería salvar parte de su error de omisión al menos permitiendo que se utilice un Código B579 (NOS o No Other Specifications) en todo paciente que concurra a la Consulta en zonas de alta endemicidad como “Sospecha de Chagas en persona residente en Area de Alta Endemicidad”. De otra manera, no existe posibilidad administrativa de justificar cabalmente todo el accionar médico y que éste sea debidamente reconocido y oportunamente pagado.

Era esperable que este tema estuviese resuelto hace unos meses atrás, cuando se publicó la Actualización 2009 del CIE-10. Eso no ocurrió. Es más, leyendo la promesa de la OMS respecto a sus Actualizaciones, se lee claramente “ALL MAJOR CHANGES THAT WERE SCHEDULED FOR 2009 ARE POSTPONED TO 2010.”

Hasta hoy, 10 de Julio de 2013, la OMS NO CUMPLIO.

Espero que antes del fin de este año la OMS corrija su error u omisión. Los pacientes lo necesitan.


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