Para intentar abordar este tema tan complejo y de tan alta relevancia social, indefectiblemente se debe recurrir a tratar de elaborar una definición de esas palabras. Según la Real Academia Española, la palabra Sonido (Del lat. sonĭtus, por analogía prosódica con ruido, chirrido, rugido, etc.) define a la sensación producida en el órgano del oído por el movimiento vibratorio de los cuerpos, transmitido por un medio elástico, como el aire. Por otro lado, Ruido (Del lat. rugĭtus) es definido como un sonido inarticulado, por lo general desagradable. Molesto (Del lat. molestus) es definido como: adj. Que causa molestia.
Se podría decir entonces que los Ruidos Molestos son sonidos inarticulados y desagradables que causan molestia a quien los percibe. En el medio ambiente es todo sonido no deseado por el receptor. Y como todo ruido, excepto los producidos por la naturaleza, el emisor o productor es un ser humano mediante variados instrumentos. En resumen, un ser humano perturba a otro ser humano, a un “otro”, produciendo sonidos desagradables que lo afectan de múltiples maneras, revelando un desinterés por el bienestar de ese otro o directamente y con maldad lo hace deseando afectarlo. Por consiguiente, se podría llegar a decir que el productor de ruidos molestos en forma consciente de sus actos es un ser antisocial, ya que no respeta las normas de convivencia de la sociedad que lo alberga.
Sin embargo, el tema es mucho más complejo de lo que parece si analizamos nuestra vida cotidiana. El llanto de un bebé pidiendo el pecho de su mamá para alimentarse de su leche y amor es una bella música para esa mujer; sin embargo, ese llanto a las 3 de la mañana (con todo lo que implica) puede ser definido como un ruido molesto por un vecino que se durmió a las 12 de la noche y debe levantarse a las 5. Mi vecino y yo podemos deleitarnos escuchando juntos, por ejemplo, La Cumparsita. Pero si luego yo decido escuchar ese tango un domingo a las 7 de la mañana a unos 100 decibeles (dB), es indudable que mi vecino se despertará de mal humor por el ruido molesto y tendremos algún tipo de inconveniente. Si yo le dijera “Pero si a vos te gusta”, él me respondería “Sí, pero no a esta hora y con ese volumen en el único día que puedo dormir un rato más”. Es decir, siempre existirá algo de subjetividad en el análisis de este tema, donde deberían primar la lógica y el respeto.
Para adentrarnos un poco más en el tema podríamos analizar una parte del documento de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre “Guías para el ruido urbano”, emitido como resultado de la reunión del grupo de trabajo de expertos llevada a cabo en Londres, Reino Unido, en abril de 1999. Se basa en el documento “Community Noise”, preparado para la Organización Mundial de la Salud y publicado en 1995 por la Stockholm University y el Karolinska Institute.
El ruido siempre ha sido un problema ambiental importante para el ser humano. En la antigua Roma, existían normas para controlar el ruido emitido por las ruedas de hierro de los carros que golpeaban las piedras de las calles, perturbando el sueño y molestando a los romanos. En algunas ciudades de Europa medieval no se permitía usar carruajes ni cabalgar durante la noche para asegurar el reposo de la población. Sin embargo, los problemas de ruido del pasado no se comparan con los de la sociedad moderna. Un gran número de autos transitan regularmente por nuestras ciudades y campos. Los camiones de carga pesada con motores diesel sin silenciadores adecuados circulan en ciudades y rutas día y noche. Las aeronaves y trenes también contribuyen al ruido ambiental. En la industria, la maquinaria emite altos niveles de ruido y los centros de esparcimiento y juegos perturban la tranquilidad.
En comparación con otros contaminantes, el control del ruido ambiental se ha limitado por la falta de conocimiento de sus efectos sobre los seres humanos, la escasa información sobre la relación dosis-respuesta y la falta de criterios definidos. Si bien se considera que la contaminación acústica es principalmente un problema de "lujo" en los países desarrollados, no se puede pasar por alto que la exposición es a menudo mayor en los países en desarrollo debido a la deficiente planificación y construcción de los edificios. Los efectos del ruido y sus consecuencias de largo plazo sobre la salud se están generalizando. Por ello, es esencial emprender acciones para limitar y controlar la exposición al ruido ambiental. Esas acciones deben estar respaldadas por una adecuada evaluación científica de los datos disponibles sobre los efectos del ruido, en particular, la relación dosis-respuesta. Esa relación constituye la base del proceso de evaluación y gestión de riesgos.
La dimensión del problema del ruido es amplia. En la Unión Europea, alrededor del 40 % de la población está expuesta al ruido del tránsito con un nivel equivalente de presión sonora que excede 55 dB en el día y el 20 % está expuesto a más de 65 dB. Si se considera la exposición total al ruido del tránsito, se puede calcular que aproximadamente la mitad de los europeos vive en zonas de gran contaminación sonora. Más del 30 % de la población está expuesta durante la noche a niveles de presión sonora que exceden 55 dB y que les trastornan el sueño. El problema también es grave en ciudades de países en desarrollo y se debe principalmente al tránsito. Las autopistas y rutas más transitadas registran niveles de presión sonora de 75 a 80 dB durante las 24 horas.
El objetivo de la OMS al preparar estas guías fue consolidar el conocimiento científico sobre las consecuencias del ruido urbano en la salud y orientar a las autoridades y profesionales de salud ambiental que tratan de proteger a la población de los efectos del ruido en ambientes no industriales.
Resumidamente, el ruido urbano (también denominado ruido ambiental, ruido residencial o ruido doméstico) se define como el ruido emitido por todas las fuentes a excepción de las áreas industriales. Las fuentes principales del ruido urbano son el tránsito automotor, ferroviario y aéreo, la construcción y obras públicas y el vecindario. Las principales fuentes de ruido en interiores son los sistemas de ventilación, máquinas de oficina, artefactos domésticos y vecinos. El ruido característico del vecindario proviene de locales como restaurantes, cafeterías, discotecas, etc.; música en vivo o grabada; competencias deportivas (deportes motorizados), áreas de juegos, estacionamientos y animales domésticos, como el ladrido de los perros. Muchos países han reglamentado el ruido urbano del tránsito de aviones y autos, maquinaria de construcción y plantas industriales a través de normas de emisión y reglamentos para las propiedades acústicas de los edificios.
Sin embargo, pocos países tienen reglamentos para el ruido urbano del vecindario, probablemente debido a la falta de métodos para definirlo y medirlo y la dificultad de controlarlo. En las grandes ciudades de todo el mundo, la población está cada vez más expuesta al ruido urbano debido a las fuentes mencionadas y sus efectos sobre la salud se consideran un problema cada vez más importante. Los efectos específicos que se deben considerar para establecer guías para el control del ruido urbano son la interferencia con la comunicación, pérdida de audición, trastorno del sueño, problemas cardiovasculares, psicológicos, fisiológicos, reducción del rendimiento, molestia y efectos sobre el comportamiento social.
A diferencia de otros problemas ambientales, la contaminación acústica sigue en aumento y produce un número cada vez mayor de reclamos por parte de la población. Ese incremento no es sostenible debido a las consecuencias adversas, tanto directas como acumulativas, que tiene sobre la salud. También afecta a las generaciones futuras y tiene repercusiones socioculturales, estéticas y económicas.
Físicamente, no existe ninguna distinción entre sonido y ruido. El sonido es una percepción sensorial y el complejo patrón de ondas sonoras se denomina ruido, música, habla, etc. Generalmente, el ruido se define como un sonido no deseado.
También deben considerarse los “grupos vulnerables” y los efectos combinados de fuentes mixtas de ruido.
Efectos sobre la audición. La deficiencia auditiva se define como un incremento en el umbral de audición que puede estar acompañada de zumbido de oídos. A nivel mundial, la deficiencia auditiva es el riesgo ocupacional irreversible más frecuente y se calcula que 120 millones de personas tienen problemas auditivos. En países en desarrollo, no sólo el ruido ocupacional sino también el ruido ambiental es un factor de riesgo para la creciente deficiencia auditiva. El daño en la audición también se puede deber a ciertas enfermedades, algunos productos químicos industriales, medicamentos, golpes en la cabeza, accidentes y factores hereditarios. El deterioro de la audición, con el paso de los años, se asocia al proceso de envejecimiento (presbiacusia), lo que dificulta su medición.
El grado de deficiencia auditiva en poblaciones expuestas al ruido ocupacional depende de la intensidad, número de años de exposición al ruido y la sensibilidad del individuo. La propensión a la deficiencia se da por igual en hombres y mujeres. Se espera que el ruido ambiental y de áreas recreativas de 70 dB o menos (las 24 horas) no cause deficiencias auditivas, incluso después de una exposición durante toda una vida. El límite permisible de ruido para adultos expuestos al ruido ocupacional es de 140 dB y se estima que el mismo límite se aplica al ruido ambiental y de áreas recreativas. Sin embargo, en el caso de niños que usan juguetes ruidosos, la presión sonora máxima nunca debiera exceder de 120 dB. Para el ruido de disparos (en videojuegos, por ejemplo) con niveles por encima de 80 dB, puede haber un mayor riesgo de deficiencia auditiva.
La principal consecuencia social de la deficiencia auditiva es la incapacidad para escuchar lo que se habla en la conversación cotidiana. Esto se considera una limitación social grave, incluso los valores mínimos de deficiencia auditiva (10 dB en una frecuencia de 2.000 y 4.000 Hz y en ambos oídos) pueden perjudicar la comprensión del habla.
El ruido interfiere en la comunicación oral. La mayor parte de energía acústica del habla está en la banda de frecuencia de 100 a 6.000 Hz y la señal más constante es de 300 a 3.000 Hz. La interferencia en el habla es básicamente un proceso de enmascaramiento, en el cual el ruido simultáneo impide la comprensión. El ruido ambiental también puede enmascarar otras señales acústicas importantes para la vida cotidiana, tales como el timbre de la puerta o del teléfono, la alarma de los relojes despertadores o contra incendios, otras señales de advertencia y la música.
La dificultad para entender la conversación cotidiana está influenciada por el nivel del habla, la pronunciación, la distancia entre el hablante y el oyente, las características del ruido circundante, la agudeza auditiva y el nivel de atención. En interiores, la comunicación se ve afectada por las características de reverberación de la habitación. El tiempo de reverberación de más de un 1 segundo produce una pérdida en la discriminación del habla y hace que la percepción sea más difícil. Para que los oyentes con audición normal entiendan una oración completa, la relación de la señal en relación con el ruido (es decir, la diferencia entre el nivel del habla y el nivel del ruido que interfiere) debe ser al menos 15 dB. Debido a que el nivel de presión sonora de la comunicación normal es de aproximadamente 50 dB, el ruido con niveles de 35 dB o más interfiere en la comunicación oral en habitaciones más pequeñas. Para grupos vulnerables se requiere niveles de fondo menores y se recomienda un tiempo de reverberación por debajo de 0,6 segundos para una adecuada comprensión del habla, incluso en un ambiente tranquilo.
La incapacidad para comprender el habla genera problemas personales y cambios en la conducta. Los grupos particularmente vulnerables a las interferencias auditivas son los ancianos, los niños que están en el proceso de adquisición de la lengua y de la lectura y los individuos no familiarizados con el lenguaje que están escuchando.
Efectos sobre el sueño. El ruido ambiental produce trastornos del sueño importantes. Puede causar efectos primarios durante el sueño y efectos secundarios que se pueden observar al día siguiente. El sueño ininterrumpido es un prerrequisito para el buen funcionamiento fisiológico y mental. Los efectos primarios del trastorno del sueño son dificultad para conciliar el sueño, interrupción del sueño, alteración en la profundidad del sueño, cambios en la presión arterial y en la frecuencia cardíaca, incremento del pulso, vasoconstricción, variación en la respiración, arritmias cardíacas y mayores movimientos corporales (ej: aumenta el número de veces que nos damos vueltas en la cama). La diferencia entre los niveles de sonido de un ruido y los niveles de sonido de fondo, en lugar del nivel de ruido absoluto, puede determinar la probabilidad de reacción. La probabilidad de ser despertado aumenta con el número de eventos de ruido por noche. Los efectos secundarios o posteriores en la mañana o día(s) siguiente(s) son percepción de menor calidad del sueño, fatiga, depresión y reducción del rendimiento.
Para descansar apropiadamente, el nivel de sonido equivalente no debe exceder 30 dB para el ruido continuo de fondo y se debe evitar el ruido individual por encima de 45 dB. Para fijar límites de exposición al ruido durante la noche, se debe tener en cuenta la intermitencia del ruido. Esto se puede lograr al medir el número de eventos de ruido y diferenciar entre el nivel de sonido máximo y el nivel de sonido de fondo. También se debe prestar atención especial a las fuentes de ruido en un ambiente con bajos niveles de sonido de fondo; combinaciones de ruido y vibraciones y fuentes de ruido con componentes de baja frecuencia.
Efectos sobre las funciones fisiológicas. La exposición al ruido puede tener un impacto permanente sobre las funciones fisiológicas de los trabajadores y personas que viven cerca de aeropuertos, industrias y calles ruidosas. Después de una exposición prolongada, los individuos susceptibles pueden desarrollar efectos permanentes, como hipertensión y cardiopatías asociadas con la exposición a altos niveles de sonido. La magnitud y duración de los efectos se determinan en parte por las características individuales, estilo de vida y condiciones ambientales. Los sonidos también provocan respuestas reflejo, en particular cuando son poco familiares y aparecen súbitamente.
La presión arterial y el riesgo de hipertensión suelen incrementarse en los trabajadores expuestos a altos niveles de ruido industrial durante 5 a 30 años. Una exposición de largo plazo al ruido del tráfico con valores de 65 a 70 dB también puede tener efectos cardiovasculares. Si bien las asociaciones son débiles, el efecto es más fuerte en el caso de cardiopatía isquémica que en hipertensión. Esos pequeños incrementos de riesgo son importantes debido a la gran cantidad de personas expuestas.
Efectos sobre la salud mental. El ruido ambiental no causa directamente enfermedades mentales, pero se presume que puede acelerar e intensificar el desarrollo de trastornos mentales latentes. La exposición a altos niveles de ruido ocupacional se ha asociado con el desarrollo de neurosis, pero los resultados de la relación entre ruido ambiental y efectos sobre la salud mental todavía no son concluyentes. No obstante, los estudios sobre el uso de medicamentos, tales como tranquilizantes y pastillas para dormir, síntomas psiquiátricos y tasas de internaciones en hospitales psiquiátricos, sugieren que el ruido urbano puede tener efectos adversos sobre la salud mental.
Efectos sobre el rendimiento. Se ha demostrado que el ruido puede perjudicar el rendimiento de los procesos cognitivos, principalmente en trabajadores y niños. Si bien un incremento provocado del ruido puede mejorar el rendimiento en tareas sencillas de corto plazo, el rendimiento cognoscitivo se deteriora sustancialmente en tareas más complejas. Entre los efectos cognoscitivos más afectados por el ruido se encuentran la lectura, la atención, la solución de problemas y la memorización. El ruido también puede actuar como estímulo de distracción y el ruido súbito puede producir un efecto desestabilizante como resultado de una respuesta ante una alarma.
La exposición al ruido también afecta negativamente el rendimiento. En las escuelas alrededor de los aeropuertos, los niños expuestos crónicamente al ruido de aviones tienen problemas en la adquisición y comprensión de la lectura, en la persistencia para completar rompecabezas difíciles y en la capacidad de motivación. Se debe reconocer que algunas de las estrategias de adaptación al ruido de aviones y el esfuerzo necesario para desempeñar adecuadamente una tarea tienen su precio. Los niños que viven en áreas más ruidosas presentan alteraciones en el sistema nervioso simpático, lo que se manifiesta en mayores niveles de las hormonas del estrés y presión sanguínea más elevada en estado de reposo. El ruido también puede producir deficiencias y errores en el trabajo y algunos accidentes pueden indicar un rendimiento deficiente.
Efectos sociales y sobre la conducta. La molestia del ruido. El ruido puede producir varios efectos sociales y conductuales, así como molestia. Esos efectos a menudo son complejos, sutiles e indirectos y son resultado de la interacción de diversas variables no auditivas. El efecto del ruido urbano sobre la molestia se puede evaluar con cuestionarios o estudios del trastorno de actividades específicas. Sin embargo, se debe reconocer que niveles similares de ruido de tránsito o de la industria causan diferentes grados de molestia. Esto se debe a que la molestia en las personas varía no sólo con las características del ruido, incluida la fuente del ruido, sino que depende en gran medida de muchos factores no acústicos de naturaleza social, psicológica o económica. La correlación entre la exposición al ruido y la molestia general es mucho mayor en un grupo que en un individuo. El ruido por encima de 80 dB también puede reducir la actitud cooperativa y aumentar la actitud agresiva. Asimismo, se cree que la exposición continua a ruidos de alto nivel puede incrementar la susceptibilidad de los escolares a sentimientos de desamparo.
Se han observado reacciones más fuertes cuando el ruido está acompañado de vibraciones y componentes de baja frecuencia o impulsos, como un disparo de arma de fuego. Las reacciones temporales más fuertes ocurren cuando la exposición aumenta con el tiempo, en comparación con una exposición constante.
Efectos combinados del ruido de fuentes mixtas sobre la salud. Muchos ambientes acústicos constan de sonidos provenientes de más de una fuente; es decir, existen fuentes mixtas y es común la combinación de efectos. Por ejemplo, el ruido puede interferir la comunicación oral durante el día y perturbar el sueño durante la noche.
Estas condiciones se aplican sin duda a zonas residenciales con alta contaminación por el ruido. Por consiguiente, es importante considerar todos los efectos del ruido sobre la salud durante las 24 horas y aplicar el principio preventivo para el desarrollo sostenible.
Subgrupos vulnerables. Cuando se recomiendan reglamentos sobre ruidos o de protección contra ruidos, se deben considerar los subgrupos vulnerables de la población. En cada subgrupo, se deben considerar los diferentes efectos del ruido, sus ambientes y modos de vida específicos. Ejemplos de subgrupos vulnerables son las personas con enfermedades o problemas médicos específicos (por ejemplo, hipertensión arterial); los internados en hospitales o convalecientes en su casa; los individuos que realizan tareas cognitivas complejas; ciegos; sordos, fetos, bebés, niños pequeños y ancianos en general. Las personas con problemas de audición son las más afectadas en lo que se refiere a la interferencia en la comunicación oral. La sordera leve en la banda sonora de alta frecuencia puede causar problemas con la percepción del habla en un ambiente ruidoso. La gran mayoría de la población pertenece al subgrupo vulnerable a interferencias en la comunicación oral.
Analizando un poco estos temas y pensando en nuestro país (en nosotros mismos), no podemos dejar de aceptar el veredicto de la BBC de 2.006, al certificar que Buenos Aires es la ciudad más ruidosa de América Latina. Habiendo leído lo de arriba no resulta sorprendente la clásica identificación de un porteño en cualquier pueblo del interior del país o del extranjero: habla casi gritando. No es su culpa ni es un maleducado; sólo nació, se crió y vive en una de las ciudades más ruidosas del mundo. Para poder vivir en Buenos Aires es necesario hablar fuerte y gesticular, de lo contrario la comunicación es imposible.
Lo alarmante, fuera de los aspectos científicos y médicos (como “ciudadano común” – como si un médico no lo fuese) es que la contaminación acústica (el ruido) parece tener cada día más adeptos y adictos. No pretendo que ningún lector haga suyo el viejo aforismo africano que nos dice que el silencio es la música del alma. Tampoco pretendo que ingrese al “club” de los amantes de la soledad sonora que nos refugiamos cuando podemos en una bella canción de música celta para estar un rato a solas con nosotros mismos. El problema pasa porque uno percibe que el ruido ambiental aturde nuestros sentidos desde que nos levantamos y pisamos la calle con onomatopeyas ensordecedoras como “chacachá – chacachá” o un “chuntatachún – chuntatachún” que no cesan y nos acompañan todo el día hasta que entramos de vuelta a casa y nos acostamos. Analizando lo ya escrito, uno se da cuenta de que el real silencio urbano no existe ni siquiera cuando dormimos y que nos afecta en magnitud diferente en base a nuestras debilidades individuales y colectivas.
Los ciudadanos cada vez huyen más del silencio, por lo tanto huyen de sí mismos, de un enorme miedo existencial a enfrentarse al vacío y tener que pensar o hablar a partir de las ideas.
¿Pensar qué? ¿Hablar de qué? La incertidumbre aprisionada entre ambos interrogantes se despeja poniendo la música a todo volumen, babelizando la comunicación con una barahúnda de sonidos, con un aturdimiento sónico que no nos deja oír ni nuestra propia voz, una mezcla de vocinglería de mercado y reyerta callejera donde sólo reinan la confusión y el desconcierto y, a consecuencia de ello, el entendimiento y la comunicación resultan imposibles. Una vez logrado esto cabe volver a preguntarse: ¿Pensar qué? ¿Hablar de qué? Parece claro: pensar en nada, hablar de nada, porque cuando se acude a lugares como esos se va imbuido de una filosofía que puede resumirse en una frase popular: “a vivir que se acaba el mundo”. Y en un sólo día se soporta todo excepto enfrentarse a la funesta manía de pensar.
A tenor del ambiente que se respira en las discotecas o “boliches”, donde los beles y los decibeles alarmarían al mismísimo Graham Bell, se diría que en ellas se refugian quienes no tienen nada que decir y el pensar les asusta. La discoteca es el lugar idóneo, además, para quienes hablan gritando, una afición cada vez más extendida, de la que son defensores acérrimos todas esas personas a las que por lo común no les asiste la razón y buscan imponer la suya a fuerza de aspavientos y de gritos, acallando a voces las razones de los demás, fundamentalmente porque se han instalado en el dogma y el desinterés por los otros y las razones y derechos de los demás no les interesan nada. Así y todo, el ruido de la discoteca es un ruido buscado y por tanto tiene sus adeptos, adeptos de los que, en todo caso y si no nos salpicara a los demás, cabría decirles: “que se traguen sus decibeles”. El mal comienza cuando el ruido de dentro salta hacia afuera y el derecho a la libertad de quienes al parecer ponen la música para que se oiga desde los alrededores de la luna avasalla el derecho, la libertad y la paz de quienes pagan las consecuencias del uso arbitrario que los desadaptados urbanos hacen de su derecho a divertirse produciendo ruidos que luego, en la calle, originan desórdenes que pagamos todos los ciudadanos.
Vivimos instalados en el ruido. Algunos ciudadanos, pocos, pero ruidosos, buscan aturdirse, y como el ruido parece que forma parte de su medio natural, intentan que nuestros tímpanos se acostumbren a las agresiones acústicas en las que ellos parecen vivir muy a sus anchas. Su desprecio a los demás les lleva a poner la música a todo volumen mientras viajan en colectivo o remisse, ajenos a las miradas de reprobación de quienes no comparten sus gustos musicales, o conducen con las ventanillas del auto abiertas para que la música, o algo que se le parece, suene a todo trapo y se oiga a "placer" en calles donde el fragor de los martillos neumáticos que rompen el hormigón para meter tuberías de todo tipo hacen causa común con ellos, con las sirenas de las ambulancias, los camiones de bomberos y los bocinazos de los autos. Capítulo aparte merecen los que extranjerizan sus autos o camionetas mediante el “tunning” o “tuneo”. Si bien la “personalización” de un vehículo puede ser deseable por muchos propietarios en legítimo uso de su libertad de hacer lo que deseen con su dinero, debe aceptarse que la mayoría de ellos hacen un uso inapropiado de sus derechos: circulan a velocidades altas con la música a todo lo que da poniéndose en riesgo y poniendo en riesgo a terceros (les impide escuchar una sirena de ambulancia o un bocinazo de advertencia, por ejemplo) y cuando paran abren las puertas y baúl torturando a todo el vecindario con su música preferida al máximo. No hacen otra cosa que repetir una y otra vez un mensaje implícito a la Sociedad: “Este soy yo y este es el poder de mi dinero, hago lo que quiero cuando quiero y no me importan ni tus protestas ni tu salud”. Palmario y casi pornográfico en una de las ciudades con los peores indicadores de pobreza. No se puede dejar de mencionar a los portadores de un ruidoso “escape libre” deliberadamente instalado, sea camioneta, auto o moto. Es algo así como un tuneo más económico, más al alcance del bolsillo de la dama o el caballero.
Más allá de las visiones individuales y de la contundencia de la evidencia científica, hay algo que no se le pude negar a los ruidos molestos: son ya un Problema de Salud Pública. Si seguimos sin controlar los ruidos molestos veremos aumentos de la prevalencia de indicadores “blandos” (aumento de hipertensión arterial, enfermedad coronaria, neurosis, etc.) que podrían ser atribuibles a otros factores. También se verá la paradoja de un aumento de las consultas y tratamientos psiquiátricos en las víctimas de los ruidos molestos, cuando quienes deberían estar hoy en la consulta psiquiátrica y siendo tratados son los generadores de los mismos. Es fácil predecir el éxito profesional de todos los jóvenes que deciden estudiar fonoaudiología.
Que todavía no se note en nuestro medio un aumento exponencial de la demanda de audífonos por hipoacusia precoz (como simple ejemplo de indicador “duro”) no quiere decir que dentro de 5 o 10 años este tema no pase a engrosar las Cuestiones de Estado y al presupuesto que debe destinarse a la Salud, pública y privada.
Caminamos aturdidos por ese ruido ambiental deseando llegar a casa, ducharnos, sentarnos en el sofá y reforzarnos en la idea de que el cerebro nos fue dado, entre otras cosas, para que pensemos y saquemos conclusiones de lo pensado. Y entonces suenan los golpes del vecino que arregla el baño, o la cocina, probablemente no porque haga falta sino para cambiar los azulejos por otros que están más de moda. Y la casa, nuestra peculiar isla de la calma, nuestra personal isla de Juan Fernández, deja de ser un hogar confortable para convertirse en una ruidosa sucursal del infierno. Y el Robinson Crusoe con el que soñamos parecernos termina siendo devorado por los antropófagos del ruido.
Es por ello que como médico y ciudadano no puedo dejar de expresar mi beneplácito por la reciente creación del grupo Ruidos Molestos Chaco y su solicitud pública de cumplimiento del Código de Faltas Provincial según la ley 4209, cuando señala que “serán pasibles de penas establecidas en ese Código tanto el autor de los ruidos molestos como así también los funcionarios públicos que autoricen, posibiliten o toleren la comisión de esta falta”.
La evidencia científica está y es irrebatible. Las normativas internacionales están completamente redactadas y son muy claras. Las leyes están redactadas y vigentes. ¿Qué esperaremos para cumplirlas? ¿A estar lo suficientemente sordos y alienados como para no entender nada de lo que nos diga el Juez a la hora de sentenciarnos?
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